¿Cuándo puedo introducir la “lectura” en la vida de mi hijo?
Noviembre 18, 2010
La lectura es la herramienta más valiosa para el aprendizaje. Por ello, existen muchas dudas y controversia respecto al método utilizado y a la edad en la cual introducirla en el niño.
Por un lado, la colección de libros, videos y demás sobre el Método interactivo de Lectura de Glenn Doman, nos dicen que la edad no importa, y que incluso a un bebé de meses se le puede empezar a introducir en la lectura, consiguiendo grandes éxitos cuando se trabaja con niños a la edad de 3 años.
Este método puramente visual es muy seguido por padres y profesores, y seguro que más de uno ya lo conocéis y creéis que en esta entrada no voy a contaros nada nuevo, pero seguid leyendo (esta entrada y las posteriores) y me contáis.
Como bien sabemos el cerebro de un niño es muy plástico y toda la adecuada estimulación que reciba en edad temprana le ayudará a su aprendizaje futuro.
Glenn Doman dijo una vez, “El aprendizaje de la lengua escrita es más fácil que el de la lengua oral, dado que los sonidos pueden variar según la persona que los emite y su estado de ánimo, mientras que los signos escritos -las palabras- al ser imágenes, siempre se mantienen estables”.
Según su teoría, aprender a leer mediante imágenes de las palabras o grupos de palabras (vistas en global, no sílaba a sílaba o letra a letra, ignorando los “fonemas” –el sonido de las letras-), es mucho más fácil que el método tradicional que se enseña en casi todos los colegios. Las palabras escritas se convierten en imágenes, y además, se aprende a leer con la misma facilidad y naturalidad con la que un bebé aprende a hablar.
Este método ha sido empleado para enseñar idiomas a los más pequeños y para los niños con dificultades de aprendizaje o aquellos con necesidades educativas especiales.
Para el que le interese saber más sobre este método,
El niño y sus horas de descanso
Septiembre 21, 2010
Muchas madres se angustian porque no logran conseguir que su niño duerma la noche completa. En varios casos, esto también ocurre cuando ya son mayorcitos. Se trata de un verdadero motivo de preocupación. Ni hablar si tu hijo al dormir grita, habla o sonríe. De lo normal del descanso a la presencia de algún trastorno o enfermedad del sueño.
El niño puede tener terror nocturno. Sí, en muchos niños esto se presenta de manera ocasional y está bien, no tiene significación. Esto se debe a la dificultad que tienen algunos de pasar de la fase profunda a la superficial del sueño y casi siempre es pasajero.
Por otra parte, las pesadillas son frecuentes y es una reacción de miedo a un sueño desagradable y obedece a sentimientos de inseguridad, miedos y preocupaciones. Para ello los padres deben brindarle seguridad y amor al niño, explicándole que es algo normal, que ya se le pasará y que en ocasiones también a usted le ocurre.
Pero ¿cómo lograr que el niño duerma una noche completa? Se trata ni más ni menos que de un hábito. Pediatras y especialistas recomiendan que para evitar estos inconvenientes, durante la quinta o sexta semana de nacido comiencen a enseñarle a su niño para que duerma 12 horas todas las noches, siempre y cuando se trate de un niño saludable.
Un método que ha dado resultado en muchos padres es recomendar a la madre que antes de acostar a su niño practique la siguiente rutina: darle un baño de agua tibia, secarlo, ponerle su pijama, darle el seno o leche e inmediatamente llevarlo a su cuna en un ambiente acogedor y medio oscuro para que el niño pueda distinguir que pasó del día a la noche.
Luego, no lo alimentará hasta las 5 ó 6 de la mañana del día siguiente y no será sacado de su cuna, ni se aseará, entendiéndose que se le vigilará de cerca y que estamos ante un niño sano. Los primeros días el niño llorará hasta dejar de hacerlo. De esta forma, se le habrá creado un reflejo condicionado de baño-secado-pijama-cena y cuna que el bebé luego pedirá que se le haga antes de las ocho de la noche.
Tal como señalan los pediatras, muchos padres cometen el error de querer alimentar al niño indiscriminadamente durante la noche, sin saber que es mucho más beneficioso para su salud que el niño duerma de forma corrida.
Alimentar sin distinción a un niño por la noche hace que su pequeño intestino se mantenga trabajando, produzca más cólicos y gases. Un niño que duerme toda la noche descansará y no será motivo de vigilia o un trastorno a la dinámica familiar. Además, una vez tenga el hábito, el día que el niño llore por la noche los padres sabrán que algo le está pasando.
Qué hacer cuando los niños no comen
Agosto 10, 2010
Una alimentación sana y variada es la clave para que los pequeños crezcan saludablemente
‘Mamá, no quiero más’; ‘no tengo hambre’; ‘esto no me gusta’… No hay duda de que, en algunas familias, la hora de la comida puede convertirse en una auténtica pesadilla. Pescados, frutas y verduras se convierten en los grandes archienemigos de los pequeños, y las comidas suelen acabar con los padres poniendo en practica todo tipo de trucos para motivarles a comer, y que pasan desde bailes y carantoñas hasta disimular el sabor de los alimentos con tortillas o purés. Una situación que, si se alarga, puede provocar carencias de nutrientes esenciales para su dieta y afectar proporcionalmente a su desarrollo… ¿Quieres saber cómo evitarlo? Apunta nuestros consejos.
‘Fíchalos’ como pinches de cocina
¿Qué mejor forma de acercar a tus hijos a los alimentos que pidiéndoles que te ayuden a cocinarlos? ‘Ficha’ a tus nuevos pinches y déjales que se involucren en la preparación de los platos para toda la familia: enséñales cómo cortas las patatas, picas los ajos o cómo pelas una cebolla. Tomar parte en las pequeñas tareas, cómo remover una salsa, pasar tomates por el pasapurés o batir huevos, les harán partícipes del menú familiar: ¿quién podría negarse a probarlo una vez esté sobre la mesa?
Comer es igual a crecer
A partir de cierta edad, los niños comienzan a preocuparse por lo altos que van a ser y lo mucho que van a crecer, así que no está de más explicarles cómo contribuyen la carne y el pescado a este proceso si los consumen con regularidad.
¿Calidad o cantidad?
Aunque es importante que los niños estén bien alimentados, es más importante aún saber que calidad no es igual a cantidad. Procura que su dieta abarque todos los nutrientes que necesitan a diario: proteínas en forma de carnes, huevos y pescado, los hidratos del pan y los cereales, la fibra de las frutas y verduras, el calcio de la leche…, que les aporte lo esencial para ir al cole, correr, jugar y hacer las miles de agotadoras actividades y tareas que llevan a cabo a lo largo del día.
¡Imaginación al poder!
La presentación de los platos también cuenta. Una cara de puré de patata con salchichas y zanahoria, un molde de arroz blanco con tomate… Échale imaginación y haz de la hora de la comida un juego más.
Todos comemos lo mismo
Los niños adquieren un alto porcentaje de sus hábitos diarios al copiarlos de los mayores: cepillarse los dientes, ir al baño solitos… La comida no es menos: por eso es importante que te vean comer lo mismo que ellos. Un niño que crece en un entorno en el que se rechazan ciertos alimentos acabará negándose a comerlos.
No cedas al chantaje
Los niños sólo quieren comer lo que les gusta: pasta, patatas, rebozados, dulces, fritos… Por eso, si tu hijo tiene tendencia a la inapetencia o simplemente no le gustan las espinacas, es fundamental que no cedas a sus chantajes ni caigas en lo gritos o los enfados: por muchas horas que lleve dando vueltas con el tenedor, forzarle a comer no servirá de nada, del mismo modo que darle lo que quiere tampoco lo hará. Ten paciencia.
¿Qué trucos utilizas para enseñar a tus hijos a comer ‘de todo’? Pásate por el foro de Niños y cuéntanoslo
¿El bebé o niño debe dormir en la cama de los padres?
Septiembre 2, 2009
Enseñar al niño a que se duerma solo, teóricamente, es lo mismo que enseñarle a comer, a ducharse, a cambiarse él solito. El sueño también es un hábito, muy necesario, que entra en la vida del niño y que, como todo lo demás, debe ser bien orientado desde el principio. Un niño que no duerme bien, es decir, que no concilia el sueño en su camita, da el mismo trabajo que otro que no quiere sentarse a la mesa o que monta un escándalo para irse a la ducha.
Muchos padres cometen el error, por variados motivos no siempre justificables, de llevar al bebé a su cama. Según algunos expertos en sueño infantil, el bebé ya debe ser puesto en su cuna desde su primer día en casita, para evitar a que se acostumbre a dormir con los papás. En determinadas circunstancias, muy puntuales, cuando el bebé está enfermo y los padres se sienten más tranquilos por tenerlo más cerca o porque en el medio de la noche el bebé se despierta asustado, se puede tolerar a que el niño o la niña se duerma en la cama de sus padres, pero mucho cuidado para que eso no se convierta en un hábito. Los niños son muy listos y pueden aprovecharse de la situación. Y para cambiar la realidad os costará muchísimo.
La rutina es lo mejor
Para que el niño no se acostumbre a dormir en la cama de sus padres es necesario llevarlo de vuelta a su cama cuantas veces sea necesario, sin hablar ni discutir. Los niños se comportan mejor cuando identifican un modelo en el que puede confiar. Enseñarles a dormir siempre a la misma hora, en su camita, con o sin osito o mantita, les ayuda a entender lo que se espera de ellos. La rutina es lo mejor en estos casos. Evitará situaciones de ansiedad, y de innecesarias negociaciones. Una buena rutina a la hora de dormir puede durar de 15 a 30 minutos. Entre la ducha, los mimos, la limpieza de los dientes, los cuentos o las músicas, las oraciones, y lo que os ocurra, el niño seguramente conciliará el sueño más tranquilamente. Intenta mantener la rutina en los mismos horarios todos los días. Así estará educando el sueño de tu hijo.
Es conveniente que el bebé o el niño pequeño se duerma siempre en el mismo lugar. El cambio de lugar, de cama, etc., puede dificultar el desarrollo de su modelo de dormir. En el caso de padres separados, como no se puede compartir el mismo lugar, es recomendable que se esfuercen para mantener la misma rutina cuanto a los horarios y las costumbres. Cojines, mantas, y objetos de estimación similares, y empleados a la misma hora. Es necesario seguir la misma estructura y rutina a la hora de dormir.
No es bueno dormir con los padres
Para los niños es una maravilla dormir con sus papás. Pero si ese hábito se convierte en una rutina, puede haber consecuencias no muy agradables. Dormir en la cama de los padres generalmente está contraindicado. Es necesario enseñar a los niños nociones de privacidad desde la más temprana edad. Cuando es todavía un bebé se puede hacer algunas concesiones, pero a partir de los 3 años de edad, dormir con los padres, puede hacer con que el niño o la niña no desarrolle su individualidad ni la seguridad en sí mismo. Se puede convertirse en un niño dependiente, e inseguro.
¿Puedo dormir aquí?
Muchos niños sufren por la noche, con los miedos a la oscuridad, a los imaginables “monstruos”, etc. El niño debe aprender a superar sus miedos, con la ayuda de sus padres. Y esta ayuda consiste en hacer con que el niño se enfrente y no huya de la situación. Hay que tener mucha paciencia, pero también mucha firmeza y persistencia. Todo es una cuestión de tiempo. Cuando el niño tenga miedo es preferible que quedes un rato en su cama para tranquilizarlo que llevarlo a la cama de los papás.
Dormir en su habitación, para ellos, es estar “lejos” de papá y de mamá. Es separarse de ellos.
La hora de dormir es entendida por ellos como la hora de separarse de los padres, de sus hermanos, de sus juguetes, y de todo lo que podría estar haciendo. Esta es la razón por la que la mayoría de los niños se vaya a la cama siempre protestando. Por eso, como cualquier otra necesidad, el dormir solo también se aprende. Lo ideal es que entre los tres y los seis meses de edad el niño ya esté durmiendo solo o con sus hermanos. Para los niños eso significa dar un paso a la autonomía; para los padres es recuperar intimidad. Superada esta primera etapa, podrá aparecer otras. Por ejemplo: cuando el niño ya consigue salir de la cuna y camina. Esta otra etapa suele aparecer entre los 12 y los 18 meses de edad. Luego, la conocida ansiedad de separación irá decreciendo poco a poco a los tres años de edad. Y a los cuatro años empezarán a aceptar la separación parcial de sus padres porque a esta edad ya van al colegio, y van a jugar a la casa de amiguitos.

