Como hacer que tus niños no dejen de hablar Español

Febrero 5, 2012

no de los mejores regalos que podemos hacerles a nuestros hijos es el idioma, y en el caso de los hispanos en los Estados Unidos, la posibilidad de que aprendan a hablar y escribir bien en inglés y en español. Pero educar niños bilingües no es una tarea fácil. El desafío de mantener el dominio de dos idiomas, tanto para niños como para adultos, no termina nunca. Hay muchos obstáculos contra los que debemos luchar para formar niños bilingües, y aunque unos sean más conversadores y tengan más facilidad de palabras, los expertos coinciden en que no es necesario que tengan un talento extraordinario para aprender dos idiomas a la vez.
¿Una lengua dominante?
Una de las trabas más frustrantes para los padres es cuando el niño rechaza uno de los dos idiomas. Es natural para la mayoría de las personas bilingües tener un idioma que dominan mejor, en el cual se sienten más cómodos y con mayor libertad para expresarse. Pero esta lengua dominante no tiene por qué imponerse hasta terminar desplazando a la segunda. Si el niño se niega a hablar en uno de los dos idiomas, en muchos casos el español, el primer paso debe ser tratar de encontrar la causa. Antes que todo, descarta que sufra de alguna dificultad intelectual o de comunicación, y consulta a un especialista si tienes la más mínima duda.
¿Qué podemos hacer los padres para evitar el rechazo?
Es importante establecer una relación positiva con el idioma. Incluso si tienes que imponerle que hable el idioma, el niño no lo puede ver así. En lugar de hacerlo como una obligación, se sentirá más inclinado a hablar si se siente identificado con él.
Es posible que sienta vergüenza de hablar el idioma en un entorno determinado, ya sea por razones sociales (la necesidad de no sentirse diferente) o porque siente que no lo domina lo suficientemente bien. Tú lo puedes ayudar a decidir dónde y cuándo es adecuado hablar en cada idioma. Además, en lugar de criticarlo con demasiada severidad cuando cometa errores, debes animarlo y elogiarlo cuando se exprese correctamente. Demuéstrale con hechos concretos la importancia y el prestigio del español.
Si han establecido que uno de los padres le hable siempre en español (o que solo se habla en español en determinado lugar), no te des por vencida y no cambies las reglas: continúa hablándole en español aunque te conteste en inglés, ínstalo a que te imite repitiendo lo que dice como si no lo hubieras entendido.
Quizás lo más importante es mantener la motivación. Enséñale que el español puede ser interesante, divertido y útil. Busca juegos, música, programas y películas en español (hay muy buenas opciones de nuestros países hispanos). También puedes recurrir a cursos interactivos de español online, como el curso ¡Hola, amigos!, del Instituto Cervantes. Ponlo en contacto con otros niños de su edad con intereses comunes que hablen español.
Por último, busca el apoyo y la orientación de las organizaciones de la comunidad. Para que no vea el español solamente como el idioma de la familia, participa en eventos que celebren la herencia hispana. Busca actividades culturales en español para niños, como obras de teatro, danza y lecturas de cuentos.

Como hacer que tus niños no dejen de hablar EspañolUno de los mejores regalos que podemos hacerles a nuestros hijos es el idioma, y en el caso de los hispanos en los Estados Unidos, la posibilidad de que aprendan a hablar y escribir bien en inglés y en español. Pero educar niños bilingües no es una tarea fácil. El desafío de mantener el dominio de dos idiomas, tanto para niños como para adultos, no termina nunca. Hay muchos obstáculos contra los que debemos luchar para formar niños bilingües, y aunque unos sean más conversadores y tengan más facilidad de palabras, los expertos coinciden en que no es necesario que tengan un talento extraordinario para aprender dos idiomas a la vez.

¿Una lengua dominante?

Una de las trabas más frustrantes para los padres es cuando el niño rechaza uno de los dos idiomas. Es natural para la mayoría de las personas bilingües tener un idioma que dominan mejor, en el cual se sienten más cómodos y con mayor libertad para expresarse. Pero esta lengua dominante no tiene por qué imponerse hasta terminar desplazando a la segunda. Si el niño se niega a hablar en uno de los dos idiomas, en muchos casos el español, el primer paso debe ser tratar de encontrar la causa. Antes que todo, descarta que sufra de alguna dificultad intelectual o de comunicación, y consulta a un especialista si tienes la más mínima duda.

¿Qué podemos hacer los padres para evitar el rechazo?

Es importante establecer una relación positiva con el idioma. Incluso si tienes que imponerle que hable el idioma, el niño no lo puede ver así. En lugar de hacerlo como una obligación, se sentirá más inclinado a hablar si se siente identificado con él.

Es posible que sienta vergüenza de hablar el idioma en un entorno determinado, ya sea por razones sociales (la necesidad de no sentirse diferente) o porque siente que no lo domina lo suficientemente bien. Tú lo puedes ayudar a decidir dónde y cuándo es adecuado hablar en cada idioma. Además, en lugar de criticarlo con demasiada severidad cuando cometa errores, debes animarlo y elogiarlo cuando se exprese correctamente. Demuéstrale con hechos concretos la importancia y el prestigio del español.

Si han establecido que uno de los padres le hable siempre en español (o que solo se habla en español en determinado lugar), no te des por vencida y no cambies las reglas: continúa hablándole en español aunque te conteste en inglés, ínstalo a que te imite repitiendo lo que dice como si no lo hubieras entendido.

Quizás lo más importante es mantener la motivación. Enséñale que el español puede ser interesante, divertido y útil. Busca juegos, música, programas y películas en español (hay muy buenas opciones de nuestros países hispanos). También puedes recurrir a cursos interactivos de español online, como el curso ¡Hola, amigos!, del Instituto Cervantes. Ponlo en contacto con otros niños de su edad con intereses comunes que hablen español.

Por último, busca el apoyo y la orientación de las organizaciones de la comunidad. Para que no vea el español solamente como el idioma de la familia, participa en eventos que celebren la herencia hispana. Busca actividades culturales en español para niños, como obras de teatro, danza y lecturas de cuentos.

Consejos para padres primerizos: Como preparar el biberon

Febrero 5, 2012

Preparar el biberón o mamadera no es algo difícil pero cuando eres una madre o padre primerizo esto requiere de algunos pequeños pasos para no cometer ningún error.
El primer consejo es que estés atento, deberás tener en cuenta la temperatura del agua y la cantidad de leche en polvo que le pones.
A la hora de preparar un biberón podemos seguir los siguientes consejos :
Primero de todo lávate las manos a fondo antes de tocar la mamadera y la tetina ya que así no pasarás gérmenes al mismo y tendrás que limpiar nuevamente todo.
Echa en el biberón la cantidad de agua necesaria, hervida durante 10 minutos. También puedes echar la cantidad de agua que te haya dicho el pediatra y calentarla en el microondas (al principio con 50 segundos o 1 minuto es más que suficiente). Dejaremos enfriar si está demasiado caliente.
A continuación añadimos la cantidad de leche en polvo que nos haya dicho el pediatra (siendo las cucharas rasas, nada de montañitas).
Colocamos la tetina del biberón (y la tapa) y removemos bien para que se mezcle todo y se disuelva la leche en polvo.
Probamos que no esté demasiado caliente. Un lugar indicado es sobre el reverso de la muñeca, si a nosotros nos quema, a tu bebe también… y… ¡Listo! Ya tenemos nuestro biberon hecho.
Recuerda que después hay que lavarlo bien y esterilizarlo para evitar problemas de salud .

Consejos para padres primerizosComo preparar el biberonPreparar el biberón o mamadera no es algo difícil pero cuando eres una madre o padre primerizo esto requiere de algunos pequeños pasos para no cometer ningún error.

El primer consejo es que estés atento, deberás tener en cuenta la temperatura del agua y la cantidad de leche en polvo que le pones.

A la hora de preparar un biberón podemos seguir los siguientes consejos :

Primero de todo lávate las manos a fondo antes de tocar la mamadera y la tetina ya que así no pasarás gérmenes al mismo y tendrás que limpiar nuevamente todo.

Echa en el biberón la cantidad de agua necesaria, hervida durante 10 minutos. También puedes echar la cantidad de agua que te haya dicho el pediatra y calentarla en el microondas (al principio con 50 segundos o 1 minuto es más que suficiente). Dejaremos enfriar si está demasiado caliente.

A continuación añadimos la cantidad de leche en polvo que nos haya dicho el pediatra (siendo las cucharas rasas, nada de montañitas).

Colocamos la tetina del biberón (y la tapa) y removemos bien para que se mezcle todo y se disuelva la leche en polvo.

Probamos que no esté demasiado caliente. Un lugar indicado es sobre el reverso de la muñeca, si a nosotros nos quema, a tu bebe también… y… ¡Listo! Ya tenemos nuestro biberon hecho.

Recuerda que después hay que lavarlo bien y esterilizarlo para evitar problemas de salud .

Hablando con tu hijo sobre sexo

Febrero 5, 2012

No hay nada que hacerle. Tarde o temprano llegará el momento de tener esa conversación tan temida (y no, el cuento de la cigüeña ya no sirve)…
Hablar con un niño sobre sexo en el momento y lugar inadecuados, puede afectarlo y provocar un momento incómodo para ambos.
El momento en que comienza a darse cuenta de que su compañero o compañera es diferente, es cuando se debe comenzar a explicar que los varones tienen pene y las nenas tienen vagina. Esto generalmente sucede a los 2 años.
A los 5 pueden comenzar a preguntar cómo se hacen los bebes, y no entender el principio del nacimiento vaginal, pues esto puede ser demasiado complejo de entender a esa edad.
En esa época pueden llegar a aparecer algunas actitudes sexuales que no deben ser reprimidas. Se le debe explicar que eso no se hace públicamente, sino en la privacidad de su cuarto.
A los 9 ya puede comenzar a charlar más fluidamente sobre sexo, en diferentes momentos y a través de los años. Los especialistas dicen que es imposible instruir a los niños sobre sexo en una sola “gran conversación”, es conveniente ir dándole información de a poco y cuando determinadas situaciones se presenten.
El mejor momento para comenzar a hablarlo, es cuando viene con alguna pregunta inocente. Y la contestación que se le de, no sólo le enseñará sobre el tema, sino que también lo guiará en otros aspectos de la vida.
Mientras algunos padres piensan que las teorías de la cigüeña y la abeja harán que su hijo comience su vida sexual más tarde, las investigaciones disponibles afirman todo lo contrario.
Los padres no deben horrorizarse cuando estén frente a este tipo de situaciones, tendrán que entender que es un proceso natural y que es lo más normal del mundo.
Cuando su hijo le haga una pregunta específica, contéstele puntualmente. Y si no está seguro de qué responderle, dígale que lo hará mas tarde, tras consultar con su pareja o parientes o consultar un libro.
Tenga en cuenta que algunas preguntas pueden parecer relacionadas con el sexo, pero no lo están. Cuando un niño de 2 años le pregunta ¿“De dónde vengo?”, la respuesta puede ser simplemente de “Buenos Aires”, antes de un discurso sobre el ciclo reproductivo humano. Dé respuestas simples y no proporcione más detalles que los que el niño requiere explícitamente.
Alrededor de los 2 años, los chicos se fascinan con su propio cuerpo y comienzan a preguntar por los nombres de las partes de su cuerpo. Decirle pene o vagina puede sonarles raro, pero no es mejor decirles “pitilin”. Y algunos especialistas indican que hacerlo pueden confundir a la criatura, pues ellos necesitan manejar un vocabulario que otros entiendan.
Ellos necesitan saber también que lo que tienen es lo que muchos otros tienen, es la manera más directa de identificarse con su propio sexo, y usar las palabras correctas puede ayudarlos a hacerlo.
Comience a enseñarle los nombres “estas son tus piernas, tu nariz, tu pene”. Pero antes, los padres deben discutir qué tipo de respuesta dar, para evitar diferir en las explicaciones y confundir al niño.
También puede resolverse que uno de los dos sea el responsable de charlar con él e intente mencionar las palabras “pene” o “vagina” lo mínimo posible para evitar confusiones.
Cuando su hijo quiere saber cómo vienen los bebes al mundo, a los 2 o 3 años aproximadamente -aunque algunos lo hacen más tarde-, usted podrá responder ofreciéndole una explicación y haciendo que él confíe en su respuesta. Luego pregúntele cual es su teoría (la del niño) sobre el tema.
Cuando el chico tiene entre 3 y 4 años muchos creen que vienen del cielo o de alguna tienda de bebés. Lo mejor es aclararles que los bebés vienen de los seres humanos, diciéndoles que el papá pone el esperma y junto al óvulo de la mamá hacen un bebé, que crece en un lugar del cuerpo de la mama llamado útero.
No necesita explicar cómo es que sale si no se lo pregunta. En caso contrario, puede decirle que, después de un tiempo, el bebé se desliza por un túnel que tiene una abertura al final.
Algunos preescolares quieren saber cómo se introduce el esperma en la mujer, por lo cual deberá evaluarse si el momento de explicarlo es el adecuado, teniendo en cuenta que ya podrían haber escuchado algo sobre las relaciones sexuales.
Y según los expertos, lo mejor en ese caso es explicar que cuando dos adultos se quieren, desean estar cerca de diferentes maneras. Una de ellas es llamada sexo. Cuando un hombre y una mujer tienen sexo, el varón pone su pene en la vagina de la mujer y deposita su esperma dentro del cuerpo de su pareja y hacen un hijo.
Si está incómodo explicándolo, algunos libros podrán ayudarlo.
Los chicos pueden tener ideas absurdas de cómo nacen los chicos, incluyendo otras razas vivientes. Es fundamental indicarles que sólo los humanos pueden hacer bebés. Los términos confusos pueden desviar su atención y hacer que comiencen a elaborar teorías equivocadas.
Si lo encuentra tocándose sus partes privadas en público (cuando comienza a explorar las partes de su cuerpo) poniéndose las manos dentro de los pantalones, sepa que no busca conseguir un orgasmo sino sentirse confortable.
No debe asustarse ni mucho menos, sino explicarle qué hacer con esas sensaciones. Que no es malo que lo hagan sino que deben hacerlo en privado. “Yo se que tocándote el pene o la vagina te sientes bien, pero eso es algo para hacerlo en privado”.
Por otro lado, las escenas sexuales en la televisión pueden causar en los niños algún tipo de confusión respecto del tema. Pero no tenga vergüenza de mostrarse acurrucado con su pareja en el sillón. Eso le ayudará a explicarle que el sexo tiene mucho de ternura y está relacionado con el amor y el afecto.
De todos modos, no es lo más indicado prohibirle nada que tenga que ver con el sexo y le cause una lógica curiosidad (por supuesto dentro de ciertos límites), pues siempre es más educativo y provechoso explicarle con la verdad lo que ocurre cuando dos personas se quieren.
Lo último que se debe hacer es trasformar al sexo en tabú, así que mantenga una atmósfera cristalina para asegurar la salud sexual de su hijo.

Hablando con tu hijo sobre sexojpgNo hay nada que hacerle. Tarde o temprano llegará el momento de tener esa conversación tan temida (y no, el cuento de la cigüeña ya no sirve)…

Hablar con un niño sobre sexo en el momento y lugar inadecuados, puede afectarlo y provocar un momento incómodo para ambos.

El momento en que comienza a darse cuenta de que su compañero o compañera es diferente, es cuando se debe comenzar a explicar que los varones tienen pene y las nenas tienen vagina. Esto generalmente sucede a los 2 años.

A los 5 pueden comenzar a preguntar cómo se hacen los bebes, y no entender el principio del nacimiento vaginal, pues esto puede ser demasiado complejo de entender a esa edad.

En esa época pueden llegar a aparecer algunas actitudes sexuales que no deben ser reprimidas. Se le debe explicar que eso no se hace públicamente, sino en la privacidad de su cuarto.

A los 9 ya puede comenzar a charlar más fluidamente sobre sexo, en diferentes momentos y a través de los años. Los especialistas dicen que es imposible instruir a los niños sobre sexo en una sola “gran conversación”, es conveniente ir dándole información de a poco y cuando determinadas situaciones se presenten.

El mejor momento para comenzar a hablarlo, es cuando viene con alguna pregunta inocente. Y la contestación que se le de, no sólo le enseñará sobre el tema, sino que también lo guiará en otros aspectos de la vida.

Mientras algunos padres piensan que las teorías de la cigüeña y la abeja harán que su hijo comience su vida sexual más tarde, las investigaciones disponibles afirman todo lo contrario.

Los padres no deben horrorizarse cuando estén frente a este tipo de situaciones, tendrán que entender que es un proceso natural y que es lo más normal del mundo.

Cuando su hijo le haga una pregunta específica, contéstele puntualmente. Y si no está seguro de qué responderle, dígale que lo hará mas tarde, tras consultar con su pareja o parientes o consultar un libro.

Tenga en cuenta que algunas preguntas pueden parecer relacionadas con el sexo, pero no lo están. Cuando un niño de 2 años le pregunta ¿“De dónde vengo?”, la respuesta puede ser simplemente de “Buenos Aires”, antes de un discurso sobre el ciclo reproductivo humano. Dé respuestas simples y no proporcione más detalles que los que el niño requiere explícitamente.

Alrededor de los 2 años, los chicos se fascinan con su propio cuerpo y comienzan a preguntar por los nombres de las partes de su cuerpo. Decirle pene o vagina puede sonarles raro, pero no es mejor decirles “pitilin”. Y algunos especialistas indican que hacerlo pueden confundir a la criatura, pues ellos necesitan manejar un vocabulario que otros entiendan.

Ellos necesitan saber también que lo que tienen es lo que muchos otros tienen, es la manera más directa de identificarse con su propio sexo, y usar las palabras correctas puede ayudarlos a hacerlo.

Comience a enseñarle los nombres “estas son tus piernas, tu nariz, tu pene”. Pero antes, los padres deben discutir qué tipo de respuesta dar, para evitar diferir en las explicaciones y confundir al niño.

También puede resolverse que uno de los dos sea el responsable de charlar con él e intente mencionar las palabras “pene” o “vagina” lo mínimo posible para evitar confusiones.

Cuando su hijo quiere saber cómo vienen los bebes al mundo, a los 2 o 3 años aproximadamente -aunque algunos lo hacen más tarde-, usted podrá responder ofreciéndole una explicación y haciendo que él confíe en su respuesta. Luego pregúntele cual es su teoría (la del niño) sobre el tema.

Cuando el chico tiene entre 3 y 4 años muchos creen que vienen del cielo o de alguna tienda de bebés. Lo mejor es aclararles que los bebés vienen de los seres humanos, diciéndoles que el papá pone el esperma y junto al óvulo de la mamá hacen un bebé, que crece en un lugar del cuerpo de la mama llamado útero.

No necesita explicar cómo es que sale si no se lo pregunta. En caso contrario, puede decirle que, después de un tiempo, el bebé se desliza por un túnel que tiene una abertura al final.

Algunos preescolares quieren saber cómo se introduce el esperma en la mujer, por lo cual deberá evaluarse si el momento de explicarlo es el adecuado, teniendo en cuenta que ya podrían haber escuchado algo sobre las relaciones sexuales.

Y según los expertos, lo mejor en ese caso es explicar que cuando dos adultos se quieren, desean estar cerca de diferentes maneras. Una de ellas es llamada sexo. Cuando un hombre y una mujer tienen sexo, el varón pone su pene en la vagina de la mujer y deposita su esperma dentro del cuerpo de su pareja y hacen un hijo.

Si está incómodo explicándolo, algunos libros podrán ayudarlo.

Los chicos pueden tener ideas absurdas de cómo nacen los chicos, incluyendo otras razas vivientes. Es fundamental indicarles que sólo los humanos pueden hacer bebés. Los términos confusos pueden desviar su atención y hacer que comiencen a elaborar teorías equivocadas.

Si lo encuentra tocándose sus partes privadas en público (cuando comienza a explorar las partes de su cuerpo) poniéndose las manos dentro de los pantalones, sepa que no busca conseguir un orgasmo sino sentirse confortable.

No debe asustarse ni mucho menos, sino explicarle qué hacer con esas sensaciones. Que no es malo que lo hagan sino que deben hacerlo en privado. “Yo se que tocándote el pene o la vagina te sientes bien, pero eso es algo para hacerlo en privado”.

Por otro lado, las escenas sexuales en la televisión pueden causar en los niños algún tipo de confusión respecto del tema. Pero no tenga vergüenza de mostrarse acurrucado con su pareja en el sillón. Eso le ayudará a explicarle que el sexo tiene mucho de ternura y está relacionado con el amor y el afecto.

De todos modos, no es lo más indicado prohibirle nada que tenga que ver con el sexo y le cause una lógica curiosidad (por supuesto dentro de ciertos límites), pues siempre es más educativo y provechoso explicarle con la verdad lo que ocurre cuando dos personas se quieren.

Lo último que se debe hacer es trasformar al sexo en tabú, así que mantenga una atmósfera cristalina para asegurar la salud sexual de su hijo.

Prevención y tratamiento de la tuberculosis infecciosa

Febrero 5, 2012

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa altamente contagiosa llamada TBC, su transmisión es por el aire contaminado por una bacteria llamada Bacilo de koch, el cual degenera inicialmente los pulmones y otros órganos internos.
Una buena prevención y tratamiento de la tuberculosis infecciosa a tiempo, pueden curar completamente a la persona enferma.
Causas:
El Bacilo de koch vive en el aire, y si una persona infectada con tuberculosis tose, estornuda o habla cerca a nosotros, puede transmitirnos el bacilo.
Una vez dentro del organismo prolifera rápidamente atacando a los pulmones y otros órganos.
Causa heridas y lesiones en los pulmones.
Es importante detectar al enfermo a tiempo para evitar el contagio pues es una enfermedad altamente infecciosa.
Síntomas:
La falta de apetito, la persona siente que pierde peso.
La hemoglobina baja o anemia severa.
Falta de concentración, debilidad y cansancio y ganas de dormir.
Se presenta una tos constante con flema o en algunos casos seca por más quince días.
Sudoración nocturna  y fiebre alta.
Prevención de la tuberculosis infecciosa:
Al sentir los primeros síntomas debe acudir a un centro de salud cercano.
El diagnostico temprano es indispensable para evitar el contagio a más personas y ayuda a combatir con mayor eficacia la enfermedad antes que dañe los pulmones.
El médico pedirá la prueba de esputo (baciloscopía) hasta en tres oportunidades y radiografías al pulmón para un buen descarte.
Tratamiento de la tuberculosis infecciosa:
Al salir positivo la prueba de esputo, se debe de tomar la misma prueba a las personas que viven junto con el paciente, pues podrían estar infectados.
Ojo que el tratamiento debe ser constante y al pie de la letra como indica el médico y se debe tomar los fármacos en la cantidad y las horas indicadas.
Evite interrumpir y olvidar tomar sus medicinas,  pues la tuberculosis avanza y la medicación pierde efectividad cuando desee retomarla. ocasionado luego que se vuelva incurable.
Se debe tener seriedad en el tratamiento de la tuberculosis infecciosa, usualmente se recomienda medicinas con los siguientes compuestos: Isoniacida, Rifampicina, Pirazinamida, Estreptomicina y Etambutol.
Los tratamientos dependiendo el caso varían de 6 a 12 o 24 meses, en algunos casos se hace seguimiento luego de dos años.
Consejos:
Para los niños recién nacidos la vacuna (BDG) es la mejor protección contra la tuberculosis, esta vacuna ayuda a los niños a sobrellevar la enfermedad en forma menos agresiva, pero no evita que se contagie o la contraiga.
Si existe un miembro de la familia enfermo, se debe mantener aislado en su dormitorio, de preferencia con una mascarilla desechable, cubriendo la nariz y la boca.
Tener mucha higiene y cuidado con los residuos de flema que deben de ser desechados cuidadosamente.
Mantener el ambiente ventilado, pero evitarlas corrientes de aire.
Alimentación:
Usualmente cuando se contrae la enfermedad las defensas se encuentran por debajo de lo normal para esto es esencial el seguir una alimentación nutritiva.
Tome en cuenta que durante el tratamiento la calidad y cantidad de su alimentación debe ser generosa y altamente nutritiva para ayudar a los medicamentos asimilar las medicinas pues si no lo hace existen casos de pacientes que al no comer, suelen hacer problemas de lesiones hepáticas.
Recuerde tomar abundante leche caliente como si fuera agua más de tres veces al día durante la enfermedad.
Consumir viseras como hígado frito o y  sopa de bazo.
Tomar extractos de zanahoria, manzana, beterraga y  alfalfa y jugo de papaya con abundante algarrobina.

Prevención y tratamiento de la tuberculosis infecciosaLa tuberculosis es una enfermedad infecciosa altamente contagiosa llamada TBC, su transmisión es por el aire contaminado por una bacteria llamada Bacilo de koch, el cual degenera inicialmente los pulmones y otros órganos internos.

Una buena prevención y tratamiento de la tuberculosis infecciosa a tiempo, pueden curar completamente a la persona enferma.

Causas:

El Bacilo de koch vive en el aire, y si una persona infectada con tuberculosis tose, estornuda o habla cerca a nosotros, puede transmitirnos el bacilo.

Una vez dentro del organismo prolifera rápidamente atacando a los pulmones y otros órganos.

Causa heridas y lesiones en los pulmones.

Es importante detectar al enfermo a tiempo para evitar el contagio pues es una enfermedad altamente infecciosa.

Síntomas:

La falta de apetito, la persona siente que pierde peso.

La hemoglobina baja o anemia severa.

Falta de concentración, debilidad y cansancio y ganas de dormir.

Se presenta una tos constante con flema o en algunos casos seca por más quince días.

Sudoración nocturna  y fiebre alta.

Prevención de la tuberculosis infecciosa:

Al sentir los primeros síntomas debe acudir a un centro de salud cercano.

El diagnostico temprano es indispensable para evitar el contagio a más personas y ayuda a combatir con mayor eficacia la enfermedad antes que dañe los pulmones.

El médico pedirá la prueba de esputo (baciloscopía) hasta en tres oportunidades y radiografías al pulmón para un buen descarte.

Tratamiento de la tuberculosis infecciosa:

Al salir positivo la prueba de esputo, se debe de tomar la misma prueba a las personas que viven junto con el paciente, pues podrían estar infectados.

Ojo que el tratamiento debe ser constante y al pie de la letra como indica el médico y se debe tomar los fármacos en la cantidad y las horas indicadas.

Evite interrumpir y olvidar tomar sus medicinas,  pues la tuberculosis avanza y la medicación pierde efectividad cuando desee retomarla. ocasionado luego que se vuelva incurable.

Se debe tener seriedad en el tratamiento de la tuberculosis infecciosa, usualmente se recomienda medicinas con los siguientes compuestos: Isoniacida, Rifampicina, Pirazinamida, Estreptomicina y Etambutol.

Los tratamientos dependiendo el caso varían de 6 a 12 o 24 meses, en algunos casos se hace seguimiento luego de dos años.

Consejos:

Para los niños recién nacidos la vacuna (BDG) es la mejor protección contra la tuberculosis, esta vacuna ayuda a los niños a sobrellevar la enfermedad en forma menos agresiva, pero no evita que se contagie o la contraiga.

Si existe un miembro de la familia enfermo, se debe mantener aislado en su dormitorio, de preferencia con una mascarilla desechable, cubriendo la nariz y la boca.

Tener mucha higiene y cuidado con los residuos de flema que deben de ser desechados cuidadosamente.

Mantener el ambiente ventilado, pero evitarlas corrientes de aire.

Alimentación:

Usualmente cuando se contrae la enfermedad las defensas se encuentran por debajo de lo normal para esto es esencial el seguir una alimentación nutritiva.

Tome en cuenta que durante el tratamiento la calidad y cantidad de su alimentación debe ser generosa y altamente nutritiva para ayudar a los medicamentos asimilar las medicinas pues si no lo hace existen casos de pacientes que al no comer, suelen hacer problemas de lesiones hepáticas.

Recuerde tomar abundante leche caliente como si fuera agua más de tres veces al día durante la enfermedad.

Consumir viseras como hígado frito o y  sopa de bazo.

Tomar extractos de zanahoria, manzana, beterraga y  alfalfa y jugo de papaya con abundante algarrobina.

Como tratar los niños rebeldes

Febrero 5, 2012

La actitud rebelde e impulsiva más allá de la primera infancia puede esconder un trastorno del comportamiento
Los padres que se enfrentan a la actitud rebelde de sus hijos durante la infancia deben identificarla como una parte más de su desarrollo, y no como un problema. Incluso es beneficioso que lo entiendan como una oportunidad para inculcar los valores educativos que permitirán al pequeño evolucionar, de forma que vaya incorporando las normas de comportamiento en su código de conducta, además de aprender a relacionarse de forma correcta con su entorno. Sin embargo, cuando este comportamiento transgresor y hostil va más allá de la primera infancia (entre los cero y seis años) puede ser un indicador de que algo no funciona como corresponde.
Una vez superada la primera infancia, si un niño mantiene comportamientos rebeldes y desafiantes capaces de alterar el ambiente familiar por su intensidad y frecuencia es posible que esté gestando el Trastorno Negativista Desafiante (TND), que se manifiesta con una rebeldía constante hacia cualquier tipo de norma y autoridad impuesta por un adulto y puede desencadenar en una actitud hostil. Ante esta situación, muchos padres se sienten incapaces de fijar límites razonables a sus hijos al tener que lidiar de manera constante con un niño que se muestra desafiante y no acepta su autoridad.
La desesperación de los padres
Una conducta especialmente transgresora y hostil hacia los padres es interpretada por los psicólogos, en general, como el reflejo de que la maduración del niño no sigue su curso normal. Este Trastorno Negativista Desafiante se asocia a una inmadurez emocional que debería haberse superado en las primeras etapas de la infancia, y provoca que el niño reaccione con comportamientos propios de edades más infantiles porque no es capaz de gestionar sus emociones. Y lo hace de la única forma que sabe: mediante una actitud cargada de rebeldía y contrariedad hacia las normas establecidas, que llega a superar la paciencia de padres y educadores.
Esta postura, que puede mantenerse incluso hasta la adolescencia, disminuye de intensidad en la edad adulta. Pero hay que tener en cuenta que durante la infancia y la adolescencia la actitud de los más jóvenes se caracteriza por un egocentrismo que puede reforzar ciertas conductas contrarias a la autoridad de los adultos. Este egocentrismo puede verse exagerado si la maduración emocional se encuentra estancada, de tal forma que no se asuma la importancia de unas normas de comportamiento comunes a todos que deben ser respetadas, sobre todo cuando supone la obligación de renunciar a los deseos hedonistas inmediatos.
En estos casos, los pequeños responden con ataques de ira e impaciencia que se relacionan con un sentido aún poco desarrollado: la tolerancia a la frustración. Los límites establecidos por los padres se viven como algo inaceptable y, por tanto, el niño desafía a la autoridad para salirse con la suya.
Esta actitud rebelde puede manifestarse de forma hostil con un enfado, gritos o llantos. Pero igualmente desafiante es una actuación pasiva, como no cumplir de manera sistemática con lo establecido, no escuchar los razonamientos del adulto de forma deliberada e, incluso, manifestar quejas recurrentes que sirven de excusa para no cumplir con cualquier sugerencia de los padres.
Del negativismo a la transgresión
Con una actitud tan negativa es más que probable que el ambiente familiar se vea perjudicado. Este comportamiento, por intolerante, puede traspasar los límites de la familia y verse reflejado en la escuela u otros ámbitos y hacer que la conducta negativista afecte a la mayoría de ambientes donde primen unas normas que todos deben cumplir. Es habitual que las situaciones que se generan con un niño desafiante pongan a prueba la paciencia de padres y personas encargadas de la educación. La consecuencia es que desencadenan actitudes negativas con gran facilidad también en los adultos que, por no tener recursos efectivos para que los pequeños sigan las normas establecidas, aplicarán sanciones de forma recurrente, endurecerán su criterio y aumentarán el número y la intensidad de los castigos.
Las constantes disputas se convierten así en rutina, de forma que se genera un círculo en el que las conductas transgresoras y hostiles de los pequeños se refuerzan y automatizan ante la impotencia y desesperación de los padres. Teniendo en cuenta que este trastorno tiene que ver con el desarrollo de la madurez emocional, es importante solicitar lo antes posible la ayuda de un especialista que asesore a los padres en la recuperación del proceso madurativo que corresponde por edad. Así se podrán evitar posibles trastornos de conducta en el futuro y la vida familiar transcurrirá con normalidad.
El Trastorno Negativista Desafiante se relaciona con actitudes que forman parte a su vez de otras alteraciones, como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDHA). En ambos se observan comportamientos en los que los adultos se sienten incapaces de controlar el comportamiento de sus hijos. El mismo patrón sigue el Trastorno Disocial, relacionado con conductas poco aceptadas, transgresoras y fuera de las normas sociales. En este caso, los individuos, además, son poco empáticos.
Cuando las normas…
…no están claras
El Trastorno Negativista Desafiante se da, en la mayoría de los casos, en contextos en los que las normas son difusas y el pequeño no tiene muy claro cuáles tiene que cumplir. Por ello es fundamental que los padres acuerden no sólo los límites que sus hijos deben respetar sino que además tienen que quedar bien claros. La mejor forma de llevarlo a cabo es hacer cumplir con perseverancia las normas que se inculcan y evitar que su aplicación sea inconstante o que los progenitores se contradigan.
Si los padres consideran que hay que sancionar las conductas negativistas de sus hijos deberán mantener en firme dicha sanción hasta el final y evitar que la actitud rebelde llegue a agotarles y no se acabe cumpliendo lo prometido. De ser así, reforzaría aún más el comportamiento negativista: el niño entendería que transgredir las normas no tiene consecuencias y que, por tanto, puede desafiar la autoridad de los padres. No obstante, esto no quiere decir que el castigo sea una constante, sino que el cumplimiento de aquél que se imponga debe ser real. De lo contrario, los padres -de manera inconsciente- pierden su credibilidad y es entonces cuando los niños entienden que da lo mismo cumplir con las normas establecidas en casa porque al final se salen con la suya.
…son demasiado estrictas
Las familias con normas excesivamente estrictas y sancionadoras, incluso con transgresiones propias de la edad, corren el riesgo de que sus pequeños se nieguen a cumplir de manera continuada los castigos por considerarlos injustos y excesivos. Aunque su actitud rebelde pueda estar más justificada en este caso, es probable que se desarrolle y mantenga una actitud negativa hacia cualquier imposición de los padres sólo por haber automatizado una respuesta negativa a las normas, sin distinguir si son justas o no. Por ello se aconseja que las familias que establecen límites demasiado rígidos eviten sancionar a los niños de forma automática y, sobre todo, que trabajen en reforzar los aspectos positivos de su conducta.

niño rebelde se portan malLa actitud rebelde e impulsiva más allá de la primera infancia puede esconder un trastorno del comportamiento

Los padres que se enfrentan a la actitud rebelde de sus hijos durante la infancia deben identificarla como una parte más de su desarrollo, y no como un problema. Incluso es beneficioso que lo entiendan como una oportunidad para inculcar los valores educativos que permitirán al pequeño evolucionar, de forma que vaya incorporando las normas de comportamiento en su código de conducta, además de aprender a relacionarse de forma correcta con su entorno. Sin embargo, cuando este comportamiento transgresor y hostil va más allá de la primera infancia (entre los cero y seis años) puede ser un indicador de que algo no funciona como corresponde.

Una vez superada la primera infancia, si un niño mantiene comportamientos rebeldes y desafiantes capaces de alterar el ambiente familiar por su intensidad y frecuencia es posible que esté gestando el Trastorno Negativista Desafiante (TND), que se manifiesta con una rebeldía constante hacia cualquier tipo de norma y autoridad impuesta por un adulto y puede desencadenar en una actitud hostil. Ante esta situación, muchos padres se sienten incapaces de fijar límites razonables a sus hijos al tener que lidiar de manera constante con un niño que se muestra desafiante y no acepta su autoridad.

La desesperación de los padres

Una conducta especialmente transgresora y hostil hacia los padres es interpretada por los psicólogos, en general, como el reflejo de que la maduración del niño no sigue su curso normal. Este Trastorno Negativista Desafiante se asocia a una inmadurez emocional que debería haberse superado en las primeras etapas de la infancia, y provoca que el niño reaccione con comportamientos propios de edades más infantiles porque no es capaz de gestionar sus emociones. Y lo hace de la única forma que sabe: mediante una actitud cargada de rebeldía y contrariedad hacia las normas establecidas, que llega a superar la paciencia de padres y educadores.

Esta postura, que puede mantenerse incluso hasta la adolescencia, disminuye de intensidad en la edad adulta. Pero hay que tener en cuenta que durante la infancia y la adolescencia la actitud de los más jóvenes se caracteriza por un egocentrismo que puede reforzar ciertas conductas contrarias a la autoridad de los adultos. Este egocentrismo puede verse exagerado si la maduración emocional se encuentra estancada, de tal forma que no se asuma la importancia de unas normas de comportamiento comunes a todos que deben ser respetadas, sobre todo cuando supone la obligación de renunciar a los deseos hedonistas inmediatos.

En estos casos, los pequeños responden con ataques de ira e impaciencia que se relacionan con un sentido aún poco desarrollado: la tolerancia a la frustración. Los límites establecidos por los padres se viven como algo inaceptable y, por tanto, el niño desafía a la autoridad para salirse con la suya.

Esta actitud rebelde puede manifestarse de forma hostil con un enfado, gritos o llantos. Pero igualmente desafiante es una actuación pasiva, como no cumplir de manera sistemática con lo establecido, no escuchar los razonamientos del adulto de forma deliberada e, incluso, manifestar quejas recurrentes que sirven de excusa para no cumplir con cualquier sugerencia de los padres.

niño rebeldejpgDel negativismo a la transgresión

Con una actitud tan negativa es más que probable que el ambiente familiar se vea perjudicado. Este comportamiento, por intolerante, puede traspasar los límites de la familia y verse reflejado en la escuela u otros ámbitos y hacer que la conducta negativista afecte a la mayoría de ambientes donde primen unas normas que todos deben cumplir. Es habitual que las situaciones que se generan con un niño desafiante pongan a prueba la paciencia de padres y personas encargadas de la educación. La consecuencia es que desencadenan actitudes negativas con gran facilidad también en los adultos que, por no tener recursos efectivos para que los pequeños sigan las normas establecidas, aplicarán sanciones de forma recurrente, endurecerán su criterio y aumentarán el número y la intensidad de los castigos.

Las constantes disputas se convierten así en rutina, de forma que se genera un círculo en el que las conductas transgresoras y hostiles de los pequeños se refuerzan y automatizan ante la impotencia y desesperación de los padres. Teniendo en cuenta que este trastorno tiene que ver con el desarrollo de la madurez emocional, es importante solicitar lo antes posible la ayuda de un especialista que asesore a los padres en la recuperación del proceso madurativo que corresponde por edad. Así se podrán evitar posibles trastornos de conducta en el futuro y la vida familiar transcurrirá con normalidad.

El Trastorno Negativista Desafiante se relaciona con actitudes que forman parte a su vez de otras alteraciones, como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDHA). En ambos se observan comportamientos en los que los adultos se sienten incapaces de controlar el comportamiento de sus hijos. El mismo patrón sigue el Trastorno Disocial, relacionado con conductas poco aceptadas, transgresoras y fuera de las normas sociales. En este caso, los individuos, además, son poco empáticos.

Cuando las normas…

…no están claras

El Trastorno Negativista Desafiante se da, en la mayoría de los casos, en contextos en los que las normas son difusas y el pequeño no tiene muy claro cuáles tiene que cumplir. Por ello es fundamental que los padres acuerden no sólo los límites que sus hijos deben respetar sino que además tienen que quedar bien claros. La mejor forma de llevarlo a cabo es hacer cumplir con perseverancia las normas que se inculcan y evitar que su aplicación sea inconstante o que los progenitores se contradigan.

Si los padres consideran que hay que sancionar las conductas negativistas de sus hijos deberán mantener en firme dicha sanción hasta el final y evitar que la actitud rebelde llegue a agotarles y no se acabe cumpliendo lo prometido. De ser así, reforzaría aún más el comportamiento negativista: el niño entendería que transgredir las normas no tiene consecuencias y que, por tanto, puede desafiar la autoridad de los padres. No obstante, esto no quiere decir que el castigo sea una constante, sino que el cumplimiento de aquél que se imponga debe ser real. De lo contrario, los padres -de manera inconsciente- pierden su credibilidad y es entonces cuando los niños entienden que da lo mismo cumplir con las normas establecidas en casa porque al final se salen con la suya.

…son demasiado estrictas

Las familias con normas excesivamente estrictas y sancionadoras, incluso con transgresiones propias de la edad, corren el riesgo de que sus pequeños se nieguen a cumplir de manera continuada los castigos por considerarlos injustos y excesivos. Aunque su actitud rebelde pueda estar más justificada en este caso, es probable que se desarrolle y mantenga una actitud negativa hacia cualquier imposición de los padres sólo por haber automatizado una respuesta negativa a las normas, sin distinguir si son justas o no. Por ello se aconseja que las familias que establecen límites demasiado rígidos eviten sancionar a los niños de forma automática y, sobre todo, que trabajen en reforzar los aspectos positivos de su conducta.

5 errores comunes que los padres cometen con sus hijos adolescentes

Septiembre 5, 2011

5 errores comunes que los padres cometen con sus hijos adolescentes
Esperar siempre lo peor de ellos, no dejarlos tomar pequeñas decisiones, no respetar su privacidad, son algunos de los errores más habituales.
Ser padres de un adolescente no es tarea sencilla, desafían límites permanentemente, se creen los más sabios de todos, dueños del universo, invulnerables y muchas veces pueden parecer seres extraños dentro del hogar. Sin embargo, siguen siendo nuestros hijos y lo que necesitan es la contención y orientación de sus padres.
Como padre hay que tener claro que los adultos somos nosotros y actuar conforme a esa idea, si bien no existe manual ni libreto que indique cómo ser un buen padre, hay algunos errores muy comunes que suelen cometer los padres con sus hijos adolescentes. Conocerlos de antemano puede ayudar a prevenirlos:
1. Tener malas expectativas
Tener siempre expectativas negativas, es decir esperar lo peor de nuestros hijos adolescentes, los predispone de alguna manera a que se comporten mal y se involucren en situaciones riesgosas. Los adolescentes son vistos como una especie de monstruos en potencia, unos bichos raros en metamorfosis permanente de los que siempre se sospecha, se desconfía y se cree que en cualquier momento van a hacer algo malo. Ellos son muy perceptivos y todo esto no hace más que fomentarlos a que actúen como se está esperando que lo hagan: mal.
2. No dejarlos tomar algunas decisiones
Los adolescentes es muy común que se sientan adultos y pretendan decidir todo en su vida, como padres es importante no entrar en un conflicto permanente de poder por pequeñeces y sí permitirles que tomen determinadas decisiones como ser el tipo de ropa que usarán, el peinado, es decir, cosas que no afectan y no hacen daño a nadie pero que para ellos son de suma importancia y ayudan a que se sientan con más confianza, con un margen de libertad fundamental en esa etapa de la vida. Intervenir o prohibir que decidan ellos sí, cuando hay situaciones de riesgo o de peligro potencial.
3. No establecer límites claros
Si bien la adolescencia es una etapa que se caracteriza por el desafío, el rompimiento permanente de reglas, el cuestionamiento constante de los límites, la rebeldía, etc., ello no es sinónimo de dejarlos ser y no reprimirlos ni marcarles hasta donde. Es precisamente en este período de la vida en el que se hace fundamental la figura firme de los padres, que aunque ellos no lo entiendan así, genera seguridad, confianza y tranquilidad. Poner límites claros y hacer que se respeten es la mejor manera de ayudarlos a crecer sanamente, ellos necesitan reglas y estructuras que los ayuden a incorporar los valores y principios que como padres hemos querido transmitirles.
4. No respetar su privacidad
Si bien para los padres los hijos siempre son unos bebés y los vemos como pequeñitos, es importante en esta etapa de la adolescencia darles mayor libertad, no invadirlos y revisarles sus cosas, respetar su privacidad, es fundamental para que confíen en nosotros. Esto no quiere decir no controlar ciertas cosas como ser el tipo de contenidos de Internet a que acceden, los programas de televisión que ven, sus salidas con amigos, etc.
5. No respetar o tomar en cuenta sus ideas
Muchas veces los adultos suelen trivializar, restar trascendencia a las ideas, pensamientos, creencias de los adolescentes. Esta es una etapa en la que priman los ideales, las utopías y está bien que puedan tenerlos sin que sean minimizados por sus padres.

errores de los padresEsperar siempre lo peor de ellos, no dejarlos tomar pequeñas decisiones, no respetar su privacidad, son algunos de los errores más habituales.

Ser padres de un adolescente no es tarea sencilla, desafían límites permanentemente, se creen los más sabios de todos, dueños del universo, invulnerables y muchas veces pueden parecer seres extraños dentro del hogar. Sin embargo, siguen siendo nuestros hijos y lo que necesitan es la contención y orientación de sus padres.

Como padre hay que tener claro que los adultos somos nosotros y actuar conforme a esa idea, si bien no existe manual ni libreto que indique cómo ser un buen padre, hay algunos errores muy comunes que suelen cometer los padres con sus hijos adolescentes. Conocerlos de antemano puede ayudar a prevenirlos:

1. Tener malas expectativas

Tener siempre expectativas negativas, es decir esperar lo peor de nuestros hijos adolescentes, los predispone de alguna manera a que se comporten mal y se involucren en situaciones riesgosas. Los adolescentes son vistos como una especie de monstruos en potencia, unos bichos raros en metamorfosis permanente de los que siempre se sospecha, se desconfía y se cree que en cualquier momento van a hacer algo malo. Ellos son muy perceptivos y todo esto no hace más que fomentarlos a que actúen como se está esperando que lo hagan: mal.

2. No dejarlos tomar algunas decisiones

Los adolescentes es muy común que se sientan adultos y pretendan decidir todo en su vida, como padres es importante no entrar en un conflicto permanente de poder por pequeñeces y sí permitirles que tomen determinadas decisiones como ser el tipo de ropa que usarán, el peinado, es decir, cosas que no afectan y no hacen daño a nadie pero que para ellos son de suma importancia y ayudan a que se sientan con más confianza, con un margen de libertad fundamental en esa etapa de la vida. Intervenir o prohibir que decidan ellos sí, cuando hay situaciones de riesgo o de peligro potencial.

3. No establecer límites claros

Si bien la adolescencia es una etapa que se caracteriza por el desafío, el rompimiento permanente de reglas, el cuestionamiento constante de los límites, la rebeldía, etc., ello no es sinónimo de dejarlos ser y no reprimirlos ni marcarles hasta donde. Es precisamente en este período de la vida en el que se hace fundamental la figura firme de los padres, que aunque ellos no lo entiendan así, genera seguridad, confianza y tranquilidad. Poner límites claros y hacer que se respeten es la mejor manera de ayudarlos a crecer sanamente, ellos necesitan reglas y estructuras que los ayuden a incorporar los valores y principios que como padres hemos querido transmitirles.

4. No respetar su privacidad

Si bien para los padres los hijos siempre son unos bebés y los vemos como pequeñitos, es importante en esta etapa de la adolescencia darles mayor libertad, no invadirlos y revisarles sus cosas, respetar su privacidad, es fundamental para que confíen en nosotros. Esto no quiere decir no controlar ciertas cosas como ser el tipo de contenidos de Internet a que acceden, los programas de televisión que ven, sus salidas con amigos, etc.

5. No respetar o tomar en cuenta sus ideas

Muchas veces los adultos suelen trivializar, restar trascendencia a las ideas, pensamientos, creencias de los adolescentes. Esta es una etapa en la que priman los ideales, las utopías y está bien que puedan tenerlos sin que sean minimizados por sus padres.

Errores típicos de los padres

Septiembre 4, 2011

Por estar cansados o no saber cómo lidiar con la situación, muchos padres se equivocan a la hora de disciplinar a sus hijos. Te contamos cuáles son las actitudes que debés evitar y cómo corregirlas.
Conseguir hijos obedientes y que acaten las órdenes cuando los padres quieren no es imposible.
La vida cotidiana y el cansancio pueden mermar las ganas de lidiar con los caprichos de los infantes y hace que bajes los brazos, dejándolos que hagan lo que quieran. Esta situación tampoco es un pecado (a cualquiera le puede pasar), el problema llega cuando la falta de límites es crónica y no hay retorno.
La clave para cualquier padre es entender que lo que él dice es una regla inamovible para los chicos (o así debería ser). Para que lo logres, te contamos las actitudes que NO debés tomar y así conseguirás marcarles los límites a tus hijos.
No mentirles para que hagan lo que vos querés
Todos los padres alguna vez le dijeron una mentira a su hijo para que hiciera aquello que se negaba a hacer. Si bien son comunes y efectivas en el corto plazo, estas amenazas de llamar al policía o al “hombre de la bolsa” si se porta mal pueden ser contraproducentes.
“La autoridad de los padres reside en la confianza que los chicos les tengan. No se puede construir una relación sana con los hijos mediante la manipulación”, asegura el psicólogo de familia Miguel Espeche. Hay que decirles la verdad; cuando ven que el padre está seguro en su decisión, los niños acatan.
Para no mentir y lograr lo que queremos hay que darles una explicación concreta y firme de por qué deseamos que coman, vayan a dormir o entren al jardín de infantes.
“Mentirles alguna que otra vez no arruinará al niño. No te sientas culpable si usaste alguna mentira piadosa con tu hijo, pero hacerlo de forma metódica no es bueno para nadie”, concluye el especialista.
No retractarte y cumplir con lo que dijiste
“Si volvés a tirar la cuchara al piso, te quedás sin postre”. Ésta es una típica advertencia de un padre. El error está en que muchas veces el niño vuelve a tirar la cuchara, pero come postre igual. Así el chico sabe perfectamente que puede seguir haciéndolo y no habrá consecuencias.
Al respecto, Espeche comenta: “Si el padre no tiene realmente convicción de hacer lo que dice, no debe decirlo porque el niño lo está midiendo”. Y agrega: “La salud del vínculo padre e hijo está basada en la confianza, que se mantiene siendo coherente con lo que decimos y hacemos”.
Si un chico actúa mal y fue advertido, tiene que tener una consecuencia inmediata y no hay que temerle a ser el malo de la película.
Hay que ser paciente para no decir más de lo que se debe y sólo prometer consecuencias que puedan ser puestas en práctica.
Si el niño vuelve a tirar la cuchara, no se le debe dar postre. Y hay que hacer cumplir esta “amenaza” tantas veces como sea necesario. Así, modificará su actitud.
“Si uno no cumple con lo que dijo que iba a suceder, su hijo no lo escuchará. Sabe que puede seguir y no habrá consecuencias”, afirma Espeche.
Los padres no deben contradecirse entre ellos
Si uno de los padres dice que los chicos se deben ir a la cama porque se portaron mal, el otro no puede desacreditar la orden.
“Tiene que haber sintonía emocional y ética entre los padres. Se puede meter la pata de vez en cuando, pero no pasa nada si el orden interior entre los padres es claro”, comenta el psicólogo. Y continúa: “El problema surge si esto se da sistemáticamente. Es grave cuando un niño percibe que la guerra entre órdenes es una guerra entre padre y madre”.
Cuando los adultos no están en sintonía es complicado porque los hijos saben que si no consiguen algo con uno, lo harán con el otro, sólo por la mera oposición entre ellos.
Hay que mostrarse como un frente unido ante ellos, así los pequeños tendrán un ordenamiento adecuado.
No premiarlos para que hagan algo
Muchas veces para conseguir que coman, vayan al dentista o accedan a quedarse con la baby sitter, los padres sobornan a los niños con juguetes o golosinas. El problema está en que cada vez que sea necesario que hagan algo, van a demandar este estímulo.
Según Miguel Espeche, el soborno a los hijos es algo típicamente argentino. Se enseña que sólo se hace lo correcto siempre y cuando alguien nos premie después (algo así como enseñar que somos justos porque nos van a dar una recompensa).
De esta manera, no se construye un conocimiento cabal de los chicos en cada hecho y no toman conciencia del beneficio de cada cosa.
“El padre deja de tener autoridad sobre su hijo y se la delega a la recompensa, que es la que lo hace cumplir con la acción. El niño termina siendo un mono del circo que sólo responde a estímulos para que avance”, opina.
La manera de hacerlo es persuadirlos diciéndoles frases de este estilo: “Mamá va a estar muy orgullosa si terminás la comida”.
No esperar demasiado para disciplinarlos
“Para que los niños pequeños aprendan la lección de algo que hicieron mal, tienen que poder vincular la consecuencia que le imponen los padres con su mala conducta”, afirma el especialista.
No sirve de nada dejar sin postre o mandar a dormir temprano a un chico que hizo algo malo muchas horas antes, ya que no recuerdan qué hicieron mal.
La penitencia por el mal comportamiento tiene que ser inmediatamente posterior para que lo puedan unir como acto-consecuencia.
No explicarles todo
“Explicarles las cosas para lograr que hagan lo que queremos no sirve  para los hijos y es un martirio para los padres”, afirma.
Si cada vez que queremos que se comporte de una manera se lo tenemos que explicar, el día que no tengamos una explicación, perdemos la autoridad. El chico es como un auditor que ve si es justo o no lo que dice el padre y ahí decide si lo hace o no.
El psicólogo asegura: “Es patético ver a un padre explicándole todo a su hijo como pidiéndole disculpas por disciplinarlo; degrada la figura del progenitor. De esta manera, el padre no se está haciendo cargo de la autoridad”.
En una relación sana, la voz de los padres es como la voz de Dios; es

Errores típicos de los padresjpgPor estar cansados o no saber cómo lidiar con la situación, muchos padres se equivocan a la hora de disciplinar a sus hijos. Te contamos cuáles son las actitudes que debés evitar y cómo corregirlas.

Conseguir hijos obedientes y que acaten las órdenes cuando los padres quieren no es imposible.

La vida cotidiana y el cansancio pueden mermar las ganas de lidiar con los caprichos de los infantes y hace que bajes los brazos, dejándolos que hagan lo que quieran. Esta situación tampoco es un pecado (a cualquiera le puede pasar), el problema llega cuando la falta de límites es crónica y no hay retorno.

La clave para cualquier padre es entender que lo que él dice es una regla inamovible para los chicos (o así debería ser). Para que lo logres, te contamos las actitudes que NO debés tomar y así conseguirás marcarles los límites a tus hijos.

No mentirles para que hagan lo que vos querés

Todos los padres alguna vez le dijeron una mentira a su hijo para que hiciera aquello que se negaba a hacer. Si bien son comunes y efectivas en el corto plazo, estas amenazas de llamar al policía o al “hombre de la bolsa” si se porta mal pueden ser contraproducentes.

“La autoridad de los padres reside en la confianza que los chicos les tengan. No se puede construir una relación sana con los hijos mediante la manipulación”, asegura el psicólogo de familia Miguel Espeche. Hay que decirles la verdad; cuando ven que el padre está seguro en su decisión, los niños acatan.

Para no mentir y lograr lo que queremos hay que darles una explicación concreta y firme de por qué deseamos que coman, vayan a dormir o entren al jardín de infantes.

“Mentirles alguna que otra vez no arruinará al niño. No te sientas culpable si usaste alguna mentira piadosa con tu hijo, pero hacerlo de forma metódica no es bueno para nadie”, concluye el especialista.

No retractarte y cumplir con lo que dijiste

“Si volvés a tirar la cuchara al piso, te quedás sin postre”. Ésta es una típica advertencia de un padre. El error está en que muchas veces el niño vuelve a tirar la cuchara, pero come postre igual. Así el chico sabe perfectamente que puede seguir haciéndolo y no habrá consecuencias.

Al respecto, Espeche comenta: “Si el padre no tiene realmente convicción de hacer lo que dice, no debe decirlo porque el niño lo está midiendo”. Y agrega: “La salud del vínculo padre e hijo está basada en la confianza, que se mantiene siendo coherente con lo que decimos y hacemos”.

Si un chico actúa mal y fue advertido, tiene que tener una consecuencia inmediata y no hay que temerle a ser el malo de la película.

Hay que ser paciente para no decir más de lo que se debe y sólo prometer consecuencias que puedan ser puestas en práctica.

Si el niño vuelve a tirar la cuchara, no se le debe dar postre. Y hay que hacer cumplir esta “amenaza” tantas veces como sea necesario. Así, modificará su actitud.

“Si uno no cumple con lo que dijo que iba a suceder, su hijo no lo escuchará. Sabe que puede seguir y no habrá consecuencias”, afirma Espeche.

Los padres no deben contradecirse entre ellos

Si uno de los padres dice que los chicos se deben ir a la cama porque se portaron mal, el otro no puede desacreditar la orden.

“Tiene que haber sintonía emocional y ética entre los padres. Se puede meter la pata de vez en cuando, pero no pasa nada si el orden interior entre los padres es claro”, comenta el psicólogo. Y continúa: “El problema surge si esto se da sistemáticamente. Es grave cuando un niño percibe que la guerra entre órdenes es una guerra entre padre y madre”.

Cuando los adultos no están en sintonía es complicado porque los hijos saben que si no consiguen algo con uno, lo harán con el otro, sólo por la mera oposición entre ellos.

Hay que mostrarse como un frente unido ante ellos, así los pequeños tendrán un ordenamiento adecuado.

No premiarlos para que hagan algo

Muchas veces para conseguir que coman, vayan al dentista o accedan a quedarse con la baby sitter, los padres sobornan a los niños con juguetes o golosinas. El problema está en que cada vez que sea necesario que hagan algo, van a demandar este estímulo.

Según Miguel Espeche, el soborno a los hijos es algo típicamente argentino. Se enseña que sólo se hace lo correcto siempre y cuando alguien nos premie después (algo así como enseñar que somos justos porque nos van a dar una recompensa).

De esta manera, no se construye un conocimiento cabal de los chicos en cada hecho y no toman conciencia del beneficio de cada cosa.

“El padre deja de tener autoridad sobre su hijo y se la delega a la recompensa, que es la que lo hace cumplir con la acción. El niño termina siendo un mono del circo que sólo responde a estímulos para que avance”, opina.

La manera de hacerlo es persuadirlos diciéndoles frases de este estilo: “Mamá va a estar muy orgullosa si terminás la comida”.

No esperar demasiado para disciplinarlos

“Para que los niños pequeños aprendan la lección de algo que hicieron mal, tienen que poder vincular la consecuencia que le imponen los padres con su mala conducta”, afirma el especialista.

No sirve de nada dejar sin postre o mandar a dormir temprano a un chico que hizo algo malo muchas horas antes, ya que no recuerdan qué hicieron mal.

La penitencia por el mal comportamiento tiene que ser inmediatamente posterior para que lo puedan unir como acto-consecuencia.

No explicarles todo

“Explicarles las cosas para lograr que hagan lo que queremos no sirve  para los hijos y es un martirio para los padres”, afirma.

Si cada vez que queremos que se comporte de una manera se lo tenemos que explicar, el día que no tengamos una explicación, perdemos la autoridad. El chico es como un auditor que ve si es justo o no lo que dice el padre y ahí decide si lo hace o no.

El psicólogo asegura: “Es patético ver a un padre explicándole todo a su hijo como pidiéndole disculpas por disciplinarlo; degrada la figura del progenitor. De esta manera, el padre no se está haciendo cargo de la autoridad”.

En una relación sana, la voz de los padres es como la voz de Dios; es

Como ayudar a un niño revelde

Febrero 6, 2011

niño reveldeAunque en nuestra cultura se supone que los niños aceptan la guía de los adultos, casi todos se rebelan de vez en cuando para mostrar su independencia. Sin embargo, unos cuantos parecen estar en constante conflicto con las figuras de autoridad; discuten, aunque aparentemente no haya razón. No saben lo que quiere decir cooperar y son agresivos y competitivos.

Al niño y al adolescente rebeldes, les encanta dirigirlo todo. Para ellos los adultos representan el principal obstáculo para lograr ocupar su posición de mando y desde el principio rechazan su relativa dependencia de ellos. A casi todos los niños les tranquiliza que cuentan con la guía de los adultos, en cambio al niño rebelde, le incomoda.

Mantiene una actitud negativa aunque no le sea útil. Sus expresiones de enojo no desaparecen. Utiliza sus emociones para demostrar su terquedad. No se da cuenta de lo inadecuada que parece su conducta a los demás. Se interesa más en reclamar sus supuestos derechos, que en controlar su actitud negativa. Prefiere competir que cooperar. Competir es emocionante. No se sabe quién ganará, le gusta medir sus habilidades con los demás.

Aunque la competencia exagerada suele transformarse en agresión y ésta puede provocar la insensibilidad a las necesidades de los demás e impedir que advierta los beneficios de cooperar con otras personas. Decide lo que está bien o mal, según las consecuencias de sus actos.

En general los adolescentes que han madurado, distinguen entre lo que está bien y lo que está mal a partir de razonamientos más elevados que los de un adolescente rebelde. Su empecinamiento y egoísmo, les hace ver las cosas sólo desde su punto de vista. Su insistencia en juzgar sus actos por sus consecuencias y no a partir de razones sólidas provoca muchas discusiones entre padres e hijos.

No reacciona bien a medidas de disciplina normales. Como el niño rebelde sólo ve las cosas desde su punto de vista, les da un valor muy `personal a los premios y castigos que recibe. Saben que a las personas mayores les cuesta trabajo comprender su comportamiento, así que aprovechan el descontrol que provocan cuando intentan manipular a los demás.

- Cómo tratar a un niño rebelde.

En la Unidad familiar debe existir un “cabeza de familia”. Por cultura, norma social o teorías freudianas, esta figura debería ser representada por el padre, quien para corregir una conducta rebelde del niño debe a su vez, modificar la forma de “ordenar”.

Seguramente su hijo ha aprendido a salirse con la suya a pesar de las intimidaciones, críticas, castigos; y sacar provecho de las discusiones y confrontaciones. Los padres tenemos que reconocer que cedemos nuestro propio terreno y acabamos implicados en el de nuestros hijos.

Estos niños saben identificar rápidamente cuando un adulto está descontrolado y con gran habilidad maneja estas situaciones para lograr dominarlo.

La clave siempre reside en el control y en no manifestar las emociones que nos provocan (enfados, chillidos, castigos, etc…). Hay que enseñarles a que sus problemas forman parte de su propia responsabilidad. En cuanto un adulto cambia su actitud ante un niño rebelde, éste se equivoca al pensar que tiene controlada su conducta. Para educar convenientemente a un niño rebelde, debe, como anteriormente he expresado, de responsabilizarse de su comportamiento, hacer que llegue por sí mismo a conclusiones sobre su conducta. Si tratamos de forzarlos a hacer algo, lógicamente fomentamos su reacción contraria. No debemos obligarles a hacer nada, sino darles opciones para que tomen su propia decisión, pero siempre con unas condiciones. Algunos ejemplos: “Si sacas malas notas, harás los deberes antes que nada. Si las notas son buenas, por la tarde haz lo que quieras…” Si llega tarde a casa, la semana siguiente regresará más temprano. Si es puntual, tendrá un horario más flexible. Si se rebela, se irá a su habitación, mientras que si guarda la compostura, podrá expresar libremente sus puntos de vista, etc…

Debemos tener en cuenta que el niño rebelde observa atentamente si sus padres o adultos cumplen o no lo que le dicen. Cuando nosotros no respetamos lo dicho, estos niños evaden su responsabilidad y siguen manteniendo su conducta rebelde. Acordémonos de lo anterior. Las palabras y los actos deben estar en acorde.

Tratar a un niño rebelde suele ser frustrante para los padres, al igual que comunicarse con él. Para esto, la comunicación debe tener dos cualidades:

- Paciencia y

- Oportunidad.

Existen tres sugerencias poder lograr el control de un niño rebelde:

1.- Escuchar, en lugar de intervenir directamente. El niño rebelde necesita que le dejemos expresar todas sus opiniones y emociones, para liberarse de la tensión que guarda dentro. Los adultos podemos ayudarle escuchando atentamente sus reflexiones, independientemente de que estamos o no de acuerdo con ellas.

2.- Predicar con el ejemplo.

3.- Establecer una buena relación antes de cualquier confrontación. Cualquier niño deja guiarse por un adulto y el niño rebelde lo necesita. Si le falta esa guía, su vida puede ser un absoluto fracaso. Por ello, la comunicación debe ser una información útil, es decir, la expresión de una crítica hay que realizarla en el momento oportuno, para que el niño las aprecie constructivamente. Mantener una buena relación es fundamental, e intentar ponernos en su lugar observando la vida desde el punto de vista de ellos.

Cuando el niño siente que el adulto además de comprenderlo lo acepta, entonces aprueba con mayor disposición las críticas, que le servirán para su cambio de actitud.

En resumen; antes de darle consejos para corregirle, hay que escucharle detenidamente.

Si es importante el contacto verbal, igual significación tiene el contacto físico para lograr una buena comunicación, que tanto para el niño como para el adolescente adquiere varios significados. Le da seguridad y sentimiento de que está en presencia de alguien mayor y con más experiencia. La transmisión de afecto muestra disposición a participar de sus experiencias y lograr un vínculo positivo con el niño rebelde.

Buenos consejos para una chica adolescente

Enero 13, 2011

10 consejos para adolescentesjpgQuerida amiga, sé que la adolescencia es un desafío de una joven mujer con tantos cambios emocionales y físicos. Las hormonas femeninas llegan con fuerza nublando un poco la perspectiva que una tiene de la realidad.

Con tu permiso para decirte la verdad, voy a enumerar ahora 10 consejos que probablemente no escucharás en la boca de tu maestro o padres.

consejos para una chica adolescente

10 consejos para una chica adolescente

1. La vida no es justa. Acostúmbrate. La joven adolescente pasa el día diciendo y quejándose: No es justo.

2. El mundo no se preocupará tanto por tu autoestima como lo hace tu escuela.

3. Lo lamento. No ganarás medio millón de euros o dólares al año tan pronto salgas de la escuela, y no serás vicepresidente de la compañía, puede que hasta tengas que usar un uniforme de camarera.

4. Si piensas que tus maestros son duros, espera a tener un jefe de verdad.

5. Cocinar, preparar hamburguesas por ejemplo, no está por debajo de tu dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para preparar hamburguesas. Lo llamaban Oportunidad.

6. No es culpa de tus padres si te equivocas. Tú eres la responsable. Recuerda que dijiste: Es mi vida y Tú no me mandas.

7. Antes de que nacieras tus padres no eran aburridos. Se volvieron más serios al solventar sus responsabilidades, como por ejemplo pagar recibos y al escucharte a ti.

8. La vida no está dividida en semestres. Y no tendrás vacaciones en el verano. Ni siquiera un descanso en la primavera. En el trabajo, esperarán que te presentes ocho horas cada día? Durante años.

9. El fumar no hace que te veas guay. Mira a una niña de 11 años con un cigarrillo en la boca. Así te ves tú para cualquier persona mayor de 20 años.

10. Tu escuela puede estar basada en resultados visibles, pero la vida no lo está. En algunas escuelas te dan tantas oportunidades como necesites para poner la respuesta y para presentar exámenes. Los estándares están fijados bastante bajos para que casi todos puedan cumplirlos. Esto, por supuesto no se parece para nada a la verdadera vida, como pronto lo descubrirás.

Buena suerte. La vas a necesitar. Cuanto más trabajes más afortunada serás. Si te gustó los consejos ¡pásalos!

Los libros de la mamá

Enero 13, 2011

consejos para el embarazoExisten libros diferentes que los padres deben comprar como compran, mientras esperan a un bebé, todo lo demás, cuna, ropita, todo. Voy a recomendarle algunos libros que deben estar en los libreros de una casa que espera la llegada de un niño. Porque los libros informan y tranquilizan a los padres, y puede ser una compañía cuando se espera la hora de una toma de leche o de un medicamento. La madre puede leer mientras pasa ese tiempo.

Los jóvenes padres darían cualquier cosa por que sus hijos no sufrieran, pero sólo cuando los niños se enferman es que se fortalece su sistema inmunológico.

Del Dr. Lyonel Rossant pueden tener Tu pediatra en casa, que es una obra accesible, práctica y moderna. Con este libro pueden consultar cositas sin llamar por todo y molestar a su doctor.

Para describir las vivencias reales, diarias, intensas de una madre, pueden comprar Diario de una madre pediatra, de Laia Alsina. Lo interesante de este libro es que habla una madre que es además, pediatra, y sus conocimientos le permiten jugar un doble papel como escritora. Este libro narra las etapas, los pasos del bebé, es un libro como un espejo para que la mamá primeriza se mire.

Para toda la familia también hay literatura. Los escritores Wolfgang Goebel – Michaela Geockler han escrito una obra, Las enfermedades y sus síntomas, que son consejos para una sana evolución. Aquí lo más importante es el valor terapéutico de la educación.

Este libro es un amigo, un consejero médico y pedagógico para padres y para todo aquel que se relacione con niños. No solamente les va a servir, Mamás, para responderse preguntas, sino también para aclararse situaciones fundamentales del desarrollo infantil, el cuidado necesario de los niños y su educación. Es un libro que ha surgido en la práctica clínica con niños en un hospital.

Hay que saber lo necesario que es tener a mano una respuesta cuando una, como madre, siente un miedo, una duda, una incertidumbre. Recuerden Mamás, que también existe el libro de la vida, el; de las abuelas, las tías, las curanderas, las parteras, las enfermeras, que es un libro oral, de tradición, de la experiencia cotidiana de siglos, y que bien podríamos, cuando estamos esperando un bebé, ir creándolo nosotras mismas, apuntando, como un decálogo, las opiniones y los consejjos que nos dan.

Un reconocimiento precoz de posibles daños y un trabajo positivo sobre las alteraciones ya experimentadas en consulta, permiten evitar futuras enfermedades.

Entonces, querida Mamá, compra también un librerito para el cuarto del bebé, unos libros, una lamparita para leerlos en las noches, y ten a mano una libretita de notas para apuntar todo, que todo puede un día o unamadrugada en desesperación, servir de alivio.

Por otra parte, esos apuntes pueden servirle a otras madres, especialmente a las jóvenes. El librerito puede engrosarse con libros de poemas infantiles, canciones de cuna y nanas antiguas que muchos existen.

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