Hablando con tu hijo sobre sexo

Febrero 5, 2012

No hay nada que hacerle. Tarde o temprano llegará el momento de tener esa conversación tan temida (y no, el cuento de la cigüeña ya no sirve)…
Hablar con un niño sobre sexo en el momento y lugar inadecuados, puede afectarlo y provocar un momento incómodo para ambos.
El momento en que comienza a darse cuenta de que su compañero o compañera es diferente, es cuando se debe comenzar a explicar que los varones tienen pene y las nenas tienen vagina. Esto generalmente sucede a los 2 años.
A los 5 pueden comenzar a preguntar cómo se hacen los bebes, y no entender el principio del nacimiento vaginal, pues esto puede ser demasiado complejo de entender a esa edad.
En esa época pueden llegar a aparecer algunas actitudes sexuales que no deben ser reprimidas. Se le debe explicar que eso no se hace públicamente, sino en la privacidad de su cuarto.
A los 9 ya puede comenzar a charlar más fluidamente sobre sexo, en diferentes momentos y a través de los años. Los especialistas dicen que es imposible instruir a los niños sobre sexo en una sola “gran conversación”, es conveniente ir dándole información de a poco y cuando determinadas situaciones se presenten.
El mejor momento para comenzar a hablarlo, es cuando viene con alguna pregunta inocente. Y la contestación que se le de, no sólo le enseñará sobre el tema, sino que también lo guiará en otros aspectos de la vida.
Mientras algunos padres piensan que las teorías de la cigüeña y la abeja harán que su hijo comience su vida sexual más tarde, las investigaciones disponibles afirman todo lo contrario.
Los padres no deben horrorizarse cuando estén frente a este tipo de situaciones, tendrán que entender que es un proceso natural y que es lo más normal del mundo.
Cuando su hijo le haga una pregunta específica, contéstele puntualmente. Y si no está seguro de qué responderle, dígale que lo hará mas tarde, tras consultar con su pareja o parientes o consultar un libro.
Tenga en cuenta que algunas preguntas pueden parecer relacionadas con el sexo, pero no lo están. Cuando un niño de 2 años le pregunta ¿“De dónde vengo?”, la respuesta puede ser simplemente de “Buenos Aires”, antes de un discurso sobre el ciclo reproductivo humano. Dé respuestas simples y no proporcione más detalles que los que el niño requiere explícitamente.
Alrededor de los 2 años, los chicos se fascinan con su propio cuerpo y comienzan a preguntar por los nombres de las partes de su cuerpo. Decirle pene o vagina puede sonarles raro, pero no es mejor decirles “pitilin”. Y algunos especialistas indican que hacerlo pueden confundir a la criatura, pues ellos necesitan manejar un vocabulario que otros entiendan.
Ellos necesitan saber también que lo que tienen es lo que muchos otros tienen, es la manera más directa de identificarse con su propio sexo, y usar las palabras correctas puede ayudarlos a hacerlo.
Comience a enseñarle los nombres “estas son tus piernas, tu nariz, tu pene”. Pero antes, los padres deben discutir qué tipo de respuesta dar, para evitar diferir en las explicaciones y confundir al niño.
También puede resolverse que uno de los dos sea el responsable de charlar con él e intente mencionar las palabras “pene” o “vagina” lo mínimo posible para evitar confusiones.
Cuando su hijo quiere saber cómo vienen los bebes al mundo, a los 2 o 3 años aproximadamente -aunque algunos lo hacen más tarde-, usted podrá responder ofreciéndole una explicación y haciendo que él confíe en su respuesta. Luego pregúntele cual es su teoría (la del niño) sobre el tema.
Cuando el chico tiene entre 3 y 4 años muchos creen que vienen del cielo o de alguna tienda de bebés. Lo mejor es aclararles que los bebés vienen de los seres humanos, diciéndoles que el papá pone el esperma y junto al óvulo de la mamá hacen un bebé, que crece en un lugar del cuerpo de la mama llamado útero.
No necesita explicar cómo es que sale si no se lo pregunta. En caso contrario, puede decirle que, después de un tiempo, el bebé se desliza por un túnel que tiene una abertura al final.
Algunos preescolares quieren saber cómo se introduce el esperma en la mujer, por lo cual deberá evaluarse si el momento de explicarlo es el adecuado, teniendo en cuenta que ya podrían haber escuchado algo sobre las relaciones sexuales.
Y según los expertos, lo mejor en ese caso es explicar que cuando dos adultos se quieren, desean estar cerca de diferentes maneras. Una de ellas es llamada sexo. Cuando un hombre y una mujer tienen sexo, el varón pone su pene en la vagina de la mujer y deposita su esperma dentro del cuerpo de su pareja y hacen un hijo.
Si está incómodo explicándolo, algunos libros podrán ayudarlo.
Los chicos pueden tener ideas absurdas de cómo nacen los chicos, incluyendo otras razas vivientes. Es fundamental indicarles que sólo los humanos pueden hacer bebés. Los términos confusos pueden desviar su atención y hacer que comiencen a elaborar teorías equivocadas.
Si lo encuentra tocándose sus partes privadas en público (cuando comienza a explorar las partes de su cuerpo) poniéndose las manos dentro de los pantalones, sepa que no busca conseguir un orgasmo sino sentirse confortable.
No debe asustarse ni mucho menos, sino explicarle qué hacer con esas sensaciones. Que no es malo que lo hagan sino que deben hacerlo en privado. “Yo se que tocándote el pene o la vagina te sientes bien, pero eso es algo para hacerlo en privado”.
Por otro lado, las escenas sexuales en la televisión pueden causar en los niños algún tipo de confusión respecto del tema. Pero no tenga vergüenza de mostrarse acurrucado con su pareja en el sillón. Eso le ayudará a explicarle que el sexo tiene mucho de ternura y está relacionado con el amor y el afecto.
De todos modos, no es lo más indicado prohibirle nada que tenga que ver con el sexo y le cause una lógica curiosidad (por supuesto dentro de ciertos límites), pues siempre es más educativo y provechoso explicarle con la verdad lo que ocurre cuando dos personas se quieren.
Lo último que se debe hacer es trasformar al sexo en tabú, así que mantenga una atmósfera cristalina para asegurar la salud sexual de su hijo.

Hablando con tu hijo sobre sexojpgNo hay nada que hacerle. Tarde o temprano llegará el momento de tener esa conversación tan temida (y no, el cuento de la cigüeña ya no sirve)…

Hablar con un niño sobre sexo en el momento y lugar inadecuados, puede afectarlo y provocar un momento incómodo para ambos.

El momento en que comienza a darse cuenta de que su compañero o compañera es diferente, es cuando se debe comenzar a explicar que los varones tienen pene y las nenas tienen vagina. Esto generalmente sucede a los 2 años.

A los 5 pueden comenzar a preguntar cómo se hacen los bebes, y no entender el principio del nacimiento vaginal, pues esto puede ser demasiado complejo de entender a esa edad.

En esa época pueden llegar a aparecer algunas actitudes sexuales que no deben ser reprimidas. Se le debe explicar que eso no se hace públicamente, sino en la privacidad de su cuarto.

A los 9 ya puede comenzar a charlar más fluidamente sobre sexo, en diferentes momentos y a través de los años. Los especialistas dicen que es imposible instruir a los niños sobre sexo en una sola “gran conversación”, es conveniente ir dándole información de a poco y cuando determinadas situaciones se presenten.

El mejor momento para comenzar a hablarlo, es cuando viene con alguna pregunta inocente. Y la contestación que se le de, no sólo le enseñará sobre el tema, sino que también lo guiará en otros aspectos de la vida.

Mientras algunos padres piensan que las teorías de la cigüeña y la abeja harán que su hijo comience su vida sexual más tarde, las investigaciones disponibles afirman todo lo contrario.

Los padres no deben horrorizarse cuando estén frente a este tipo de situaciones, tendrán que entender que es un proceso natural y que es lo más normal del mundo.

Cuando su hijo le haga una pregunta específica, contéstele puntualmente. Y si no está seguro de qué responderle, dígale que lo hará mas tarde, tras consultar con su pareja o parientes o consultar un libro.

Tenga en cuenta que algunas preguntas pueden parecer relacionadas con el sexo, pero no lo están. Cuando un niño de 2 años le pregunta ¿“De dónde vengo?”, la respuesta puede ser simplemente de “Buenos Aires”, antes de un discurso sobre el ciclo reproductivo humano. Dé respuestas simples y no proporcione más detalles que los que el niño requiere explícitamente.

Alrededor de los 2 años, los chicos se fascinan con su propio cuerpo y comienzan a preguntar por los nombres de las partes de su cuerpo. Decirle pene o vagina puede sonarles raro, pero no es mejor decirles “pitilin”. Y algunos especialistas indican que hacerlo pueden confundir a la criatura, pues ellos necesitan manejar un vocabulario que otros entiendan.

Ellos necesitan saber también que lo que tienen es lo que muchos otros tienen, es la manera más directa de identificarse con su propio sexo, y usar las palabras correctas puede ayudarlos a hacerlo.

Comience a enseñarle los nombres “estas son tus piernas, tu nariz, tu pene”. Pero antes, los padres deben discutir qué tipo de respuesta dar, para evitar diferir en las explicaciones y confundir al niño.

También puede resolverse que uno de los dos sea el responsable de charlar con él e intente mencionar las palabras “pene” o “vagina” lo mínimo posible para evitar confusiones.

Cuando su hijo quiere saber cómo vienen los bebes al mundo, a los 2 o 3 años aproximadamente -aunque algunos lo hacen más tarde-, usted podrá responder ofreciéndole una explicación y haciendo que él confíe en su respuesta. Luego pregúntele cual es su teoría (la del niño) sobre el tema.

Cuando el chico tiene entre 3 y 4 años muchos creen que vienen del cielo o de alguna tienda de bebés. Lo mejor es aclararles que los bebés vienen de los seres humanos, diciéndoles que el papá pone el esperma y junto al óvulo de la mamá hacen un bebé, que crece en un lugar del cuerpo de la mama llamado útero.

No necesita explicar cómo es que sale si no se lo pregunta. En caso contrario, puede decirle que, después de un tiempo, el bebé se desliza por un túnel que tiene una abertura al final.

Algunos preescolares quieren saber cómo se introduce el esperma en la mujer, por lo cual deberá evaluarse si el momento de explicarlo es el adecuado, teniendo en cuenta que ya podrían haber escuchado algo sobre las relaciones sexuales.

Y según los expertos, lo mejor en ese caso es explicar que cuando dos adultos se quieren, desean estar cerca de diferentes maneras. Una de ellas es llamada sexo. Cuando un hombre y una mujer tienen sexo, el varón pone su pene en la vagina de la mujer y deposita su esperma dentro del cuerpo de su pareja y hacen un hijo.

Si está incómodo explicándolo, algunos libros podrán ayudarlo.

Los chicos pueden tener ideas absurdas de cómo nacen los chicos, incluyendo otras razas vivientes. Es fundamental indicarles que sólo los humanos pueden hacer bebés. Los términos confusos pueden desviar su atención y hacer que comiencen a elaborar teorías equivocadas.

Si lo encuentra tocándose sus partes privadas en público (cuando comienza a explorar las partes de su cuerpo) poniéndose las manos dentro de los pantalones, sepa que no busca conseguir un orgasmo sino sentirse confortable.

No debe asustarse ni mucho menos, sino explicarle qué hacer con esas sensaciones. Que no es malo que lo hagan sino que deben hacerlo en privado. “Yo se que tocándote el pene o la vagina te sientes bien, pero eso es algo para hacerlo en privado”.

Por otro lado, las escenas sexuales en la televisión pueden causar en los niños algún tipo de confusión respecto del tema. Pero no tenga vergüenza de mostrarse acurrucado con su pareja en el sillón. Eso le ayudará a explicarle que el sexo tiene mucho de ternura y está relacionado con el amor y el afecto.

De todos modos, no es lo más indicado prohibirle nada que tenga que ver con el sexo y le cause una lógica curiosidad (por supuesto dentro de ciertos límites), pues siempre es más educativo y provechoso explicarle con la verdad lo que ocurre cuando dos personas se quieren.

Lo último que se debe hacer es trasformar al sexo en tabú, así que mantenga una atmósfera cristalina para asegurar la salud sexual de su hijo.

Prevención y tratamiento de la tuberculosis infecciosa

Febrero 5, 2012

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa altamente contagiosa llamada TBC, su transmisión es por el aire contaminado por una bacteria llamada Bacilo de koch, el cual degenera inicialmente los pulmones y otros órganos internos.
Una buena prevención y tratamiento de la tuberculosis infecciosa a tiempo, pueden curar completamente a la persona enferma.
Causas:
El Bacilo de koch vive en el aire, y si una persona infectada con tuberculosis tose, estornuda o habla cerca a nosotros, puede transmitirnos el bacilo.
Una vez dentro del organismo prolifera rápidamente atacando a los pulmones y otros órganos.
Causa heridas y lesiones en los pulmones.
Es importante detectar al enfermo a tiempo para evitar el contagio pues es una enfermedad altamente infecciosa.
Síntomas:
La falta de apetito, la persona siente que pierde peso.
La hemoglobina baja o anemia severa.
Falta de concentración, debilidad y cansancio y ganas de dormir.
Se presenta una tos constante con flema o en algunos casos seca por más quince días.
Sudoración nocturna  y fiebre alta.
Prevención de la tuberculosis infecciosa:
Al sentir los primeros síntomas debe acudir a un centro de salud cercano.
El diagnostico temprano es indispensable para evitar el contagio a más personas y ayuda a combatir con mayor eficacia la enfermedad antes que dañe los pulmones.
El médico pedirá la prueba de esputo (baciloscopía) hasta en tres oportunidades y radiografías al pulmón para un buen descarte.
Tratamiento de la tuberculosis infecciosa:
Al salir positivo la prueba de esputo, se debe de tomar la misma prueba a las personas que viven junto con el paciente, pues podrían estar infectados.
Ojo que el tratamiento debe ser constante y al pie de la letra como indica el médico y se debe tomar los fármacos en la cantidad y las horas indicadas.
Evite interrumpir y olvidar tomar sus medicinas,  pues la tuberculosis avanza y la medicación pierde efectividad cuando desee retomarla. ocasionado luego que se vuelva incurable.
Se debe tener seriedad en el tratamiento de la tuberculosis infecciosa, usualmente se recomienda medicinas con los siguientes compuestos: Isoniacida, Rifampicina, Pirazinamida, Estreptomicina y Etambutol.
Los tratamientos dependiendo el caso varían de 6 a 12 o 24 meses, en algunos casos se hace seguimiento luego de dos años.
Consejos:
Para los niños recién nacidos la vacuna (BDG) es la mejor protección contra la tuberculosis, esta vacuna ayuda a los niños a sobrellevar la enfermedad en forma menos agresiva, pero no evita que se contagie o la contraiga.
Si existe un miembro de la familia enfermo, se debe mantener aislado en su dormitorio, de preferencia con una mascarilla desechable, cubriendo la nariz y la boca.
Tener mucha higiene y cuidado con los residuos de flema que deben de ser desechados cuidadosamente.
Mantener el ambiente ventilado, pero evitarlas corrientes de aire.
Alimentación:
Usualmente cuando se contrae la enfermedad las defensas se encuentran por debajo de lo normal para esto es esencial el seguir una alimentación nutritiva.
Tome en cuenta que durante el tratamiento la calidad y cantidad de su alimentación debe ser generosa y altamente nutritiva para ayudar a los medicamentos asimilar las medicinas pues si no lo hace existen casos de pacientes que al no comer, suelen hacer problemas de lesiones hepáticas.
Recuerde tomar abundante leche caliente como si fuera agua más de tres veces al día durante la enfermedad.
Consumir viseras como hígado frito o y  sopa de bazo.
Tomar extractos de zanahoria, manzana, beterraga y  alfalfa y jugo de papaya con abundante algarrobina.

Prevención y tratamiento de la tuberculosis infecciosaLa tuberculosis es una enfermedad infecciosa altamente contagiosa llamada TBC, su transmisión es por el aire contaminado por una bacteria llamada Bacilo de koch, el cual degenera inicialmente los pulmones y otros órganos internos.

Una buena prevención y tratamiento de la tuberculosis infecciosa a tiempo, pueden curar completamente a la persona enferma.

Causas:

El Bacilo de koch vive en el aire, y si una persona infectada con tuberculosis tose, estornuda o habla cerca a nosotros, puede transmitirnos el bacilo.

Una vez dentro del organismo prolifera rápidamente atacando a los pulmones y otros órganos.

Causa heridas y lesiones en los pulmones.

Es importante detectar al enfermo a tiempo para evitar el contagio pues es una enfermedad altamente infecciosa.

Síntomas:

La falta de apetito, la persona siente que pierde peso.

La hemoglobina baja o anemia severa.

Falta de concentración, debilidad y cansancio y ganas de dormir.

Se presenta una tos constante con flema o en algunos casos seca por más quince días.

Sudoración nocturna  y fiebre alta.

Prevención de la tuberculosis infecciosa:

Al sentir los primeros síntomas debe acudir a un centro de salud cercano.

El diagnostico temprano es indispensable para evitar el contagio a más personas y ayuda a combatir con mayor eficacia la enfermedad antes que dañe los pulmones.

El médico pedirá la prueba de esputo (baciloscopía) hasta en tres oportunidades y radiografías al pulmón para un buen descarte.

Tratamiento de la tuberculosis infecciosa:

Al salir positivo la prueba de esputo, se debe de tomar la misma prueba a las personas que viven junto con el paciente, pues podrían estar infectados.

Ojo que el tratamiento debe ser constante y al pie de la letra como indica el médico y se debe tomar los fármacos en la cantidad y las horas indicadas.

Evite interrumpir y olvidar tomar sus medicinas,  pues la tuberculosis avanza y la medicación pierde efectividad cuando desee retomarla. ocasionado luego que se vuelva incurable.

Se debe tener seriedad en el tratamiento de la tuberculosis infecciosa, usualmente se recomienda medicinas con los siguientes compuestos: Isoniacida, Rifampicina, Pirazinamida, Estreptomicina y Etambutol.

Los tratamientos dependiendo el caso varían de 6 a 12 o 24 meses, en algunos casos se hace seguimiento luego de dos años.

Consejos:

Para los niños recién nacidos la vacuna (BDG) es la mejor protección contra la tuberculosis, esta vacuna ayuda a los niños a sobrellevar la enfermedad en forma menos agresiva, pero no evita que se contagie o la contraiga.

Si existe un miembro de la familia enfermo, se debe mantener aislado en su dormitorio, de preferencia con una mascarilla desechable, cubriendo la nariz y la boca.

Tener mucha higiene y cuidado con los residuos de flema que deben de ser desechados cuidadosamente.

Mantener el ambiente ventilado, pero evitarlas corrientes de aire.

Alimentación:

Usualmente cuando se contrae la enfermedad las defensas se encuentran por debajo de lo normal para esto es esencial el seguir una alimentación nutritiva.

Tome en cuenta que durante el tratamiento la calidad y cantidad de su alimentación debe ser generosa y altamente nutritiva para ayudar a los medicamentos asimilar las medicinas pues si no lo hace existen casos de pacientes que al no comer, suelen hacer problemas de lesiones hepáticas.

Recuerde tomar abundante leche caliente como si fuera agua más de tres veces al día durante la enfermedad.

Consumir viseras como hígado frito o y  sopa de bazo.

Tomar extractos de zanahoria, manzana, beterraga y  alfalfa y jugo de papaya con abundante algarrobina.

Como se trata la Otitis

Febrero 5, 2012

La otitis es una de las enfermedades que más frecuentemente padecen los niños. Por lo general, no suele ser grave, pero eso sí, requiere tratamiento médico. Si tu hijo tiene dolor de oídos, lo mejor es llevarlo al pediatra.
¿Cómo se trata la otitis?
La otitis externa, que suele estar provocada por baños en piscinas o en la paya, requiere evitar las inmersiones. En algunos casos en los que se produce pus, se pueden administrar antibióticos locales. Suele ser suficiente con la aplicación de colirios antibióticos en el oído, aunque si el pediatra lo considera oportuno, es posible que recomiende aplicar un corticoide tópico.
En el caso de las otitis medias, en torno al 80-90% de los casos se curan de forma espontánea, aunque en ocasiones también pueden hacer falta antibióticos.
En el caso de otitis de repetición o de otitis supuradas frecuentes se realiza un tratamiento quirúrgico con un drenaje transtimpánico, gracias al que la cavidad del oído medio puede estar ventilada y a la vez, si se produce moco, puede salir gracias al drenaje.
¿Cómo prevenirla?
La otitis se puede prevenir, aunque seguir estas medidas no asegura que el niño no vaya a tener otitis en su infancia, de hecho, casi todos los niños la padecen alguna vez.
Pero hay algunas medidas que puedes tomar:
Lactancia materna: los bebés que han tomado pecho materno durante más de cuatro meses tienen la mitad de otitis medias, una diferencia que aumenta a medida que aumenta el tiempo de lactancia.
Cuidado con los contagios.
Alerta ante las situaciones de riesgo: está comprobado que, por ejemplo, tomar el biberón boca arriba puede estar relacionado con un número mayor de otitis.
Limpia los mocos con frecuencia (lo mejor son los lavados nasales gota a gota), para que el oído medio esté más aireado y se drene mejor.

la otitisjpgLa otitis es una de las enfermedades que más frecuentemente padecen los niños. Por lo general, no suele ser grave, pero eso sí, requiere tratamiento médico. Si tu hijo tiene dolor de oídos, lo mejor es llevarlo al pediatra.

¿Cómo se trata la otitis?

La otitis externa, que suele estar provocada por baños en piscinas o en la paya, requiere evitar las inmersiones. En algunos casos en los que se produce pus, se pueden administrar antibióticos locales. Suele ser suficiente con la aplicación de colirios antibióticos en el oído, aunque si el pediatra lo considera oportuno, es posible que recomiende aplicar un corticoide tópico.

En el caso de las otitis medias, en torno al 80-90% de los casos se curan de forma espontánea, aunque en ocasiones también pueden hacer falta antibióticos.

En el caso de otitis de repetición o de otitis supuradas frecuentes se realiza un tratamiento quirúrgico con un drenaje transtimpánico, gracias al que la cavidad del oído medio puede estar ventilada y a la vez, si se produce moco, puede salir gracias al drenaje.

¿Cómo prevenirla?

La otitis se puede prevenir, aunque seguir estas medidas no asegura que el niño no vaya a tener otitis en su infancia, de hecho, casi todos los niños la padecen alguna vez.

Pero hay algunas medidas que puedes tomar:

Lactancia materna: los bebés que han tomado pecho materno durante más de cuatro meses tienen la mitad de otitis medias, una diferencia que aumenta a medida que aumenta el tiempo de lactancia.

Cuidado con los contagios.

Alerta ante las situaciones de riesgo: está comprobado que, por ejemplo, tomar el biberón boca arriba puede estar relacionado con un número mayor de otitis.

Limpia los mocos con frecuencia (lo mejor son los lavados nasales gota a gota), para que el oído medio esté más aireado y se drene mejor.

Como tratar los niños rebeldes

Febrero 5, 2012

La actitud rebelde e impulsiva más allá de la primera infancia puede esconder un trastorno del comportamiento
Los padres que se enfrentan a la actitud rebelde de sus hijos durante la infancia deben identificarla como una parte más de su desarrollo, y no como un problema. Incluso es beneficioso que lo entiendan como una oportunidad para inculcar los valores educativos que permitirán al pequeño evolucionar, de forma que vaya incorporando las normas de comportamiento en su código de conducta, además de aprender a relacionarse de forma correcta con su entorno. Sin embargo, cuando este comportamiento transgresor y hostil va más allá de la primera infancia (entre los cero y seis años) puede ser un indicador de que algo no funciona como corresponde.
Una vez superada la primera infancia, si un niño mantiene comportamientos rebeldes y desafiantes capaces de alterar el ambiente familiar por su intensidad y frecuencia es posible que esté gestando el Trastorno Negativista Desafiante (TND), que se manifiesta con una rebeldía constante hacia cualquier tipo de norma y autoridad impuesta por un adulto y puede desencadenar en una actitud hostil. Ante esta situación, muchos padres se sienten incapaces de fijar límites razonables a sus hijos al tener que lidiar de manera constante con un niño que se muestra desafiante y no acepta su autoridad.
La desesperación de los padres
Una conducta especialmente transgresora y hostil hacia los padres es interpretada por los psicólogos, en general, como el reflejo de que la maduración del niño no sigue su curso normal. Este Trastorno Negativista Desafiante se asocia a una inmadurez emocional que debería haberse superado en las primeras etapas de la infancia, y provoca que el niño reaccione con comportamientos propios de edades más infantiles porque no es capaz de gestionar sus emociones. Y lo hace de la única forma que sabe: mediante una actitud cargada de rebeldía y contrariedad hacia las normas establecidas, que llega a superar la paciencia de padres y educadores.
Esta postura, que puede mantenerse incluso hasta la adolescencia, disminuye de intensidad en la edad adulta. Pero hay que tener en cuenta que durante la infancia y la adolescencia la actitud de los más jóvenes se caracteriza por un egocentrismo que puede reforzar ciertas conductas contrarias a la autoridad de los adultos. Este egocentrismo puede verse exagerado si la maduración emocional se encuentra estancada, de tal forma que no se asuma la importancia de unas normas de comportamiento comunes a todos que deben ser respetadas, sobre todo cuando supone la obligación de renunciar a los deseos hedonistas inmediatos.
En estos casos, los pequeños responden con ataques de ira e impaciencia que se relacionan con un sentido aún poco desarrollado: la tolerancia a la frustración. Los límites establecidos por los padres se viven como algo inaceptable y, por tanto, el niño desafía a la autoridad para salirse con la suya.
Esta actitud rebelde puede manifestarse de forma hostil con un enfado, gritos o llantos. Pero igualmente desafiante es una actuación pasiva, como no cumplir de manera sistemática con lo establecido, no escuchar los razonamientos del adulto de forma deliberada e, incluso, manifestar quejas recurrentes que sirven de excusa para no cumplir con cualquier sugerencia de los padres.
Del negativismo a la transgresión
Con una actitud tan negativa es más que probable que el ambiente familiar se vea perjudicado. Este comportamiento, por intolerante, puede traspasar los límites de la familia y verse reflejado en la escuela u otros ámbitos y hacer que la conducta negativista afecte a la mayoría de ambientes donde primen unas normas que todos deben cumplir. Es habitual que las situaciones que se generan con un niño desafiante pongan a prueba la paciencia de padres y personas encargadas de la educación. La consecuencia es que desencadenan actitudes negativas con gran facilidad también en los adultos que, por no tener recursos efectivos para que los pequeños sigan las normas establecidas, aplicarán sanciones de forma recurrente, endurecerán su criterio y aumentarán el número y la intensidad de los castigos.
Las constantes disputas se convierten así en rutina, de forma que se genera un círculo en el que las conductas transgresoras y hostiles de los pequeños se refuerzan y automatizan ante la impotencia y desesperación de los padres. Teniendo en cuenta que este trastorno tiene que ver con el desarrollo de la madurez emocional, es importante solicitar lo antes posible la ayuda de un especialista que asesore a los padres en la recuperación del proceso madurativo que corresponde por edad. Así se podrán evitar posibles trastornos de conducta en el futuro y la vida familiar transcurrirá con normalidad.
El Trastorno Negativista Desafiante se relaciona con actitudes que forman parte a su vez de otras alteraciones, como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDHA). En ambos se observan comportamientos en los que los adultos se sienten incapaces de controlar el comportamiento de sus hijos. El mismo patrón sigue el Trastorno Disocial, relacionado con conductas poco aceptadas, transgresoras y fuera de las normas sociales. En este caso, los individuos, además, son poco empáticos.
Cuando las normas…
…no están claras
El Trastorno Negativista Desafiante se da, en la mayoría de los casos, en contextos en los que las normas son difusas y el pequeño no tiene muy claro cuáles tiene que cumplir. Por ello es fundamental que los padres acuerden no sólo los límites que sus hijos deben respetar sino que además tienen que quedar bien claros. La mejor forma de llevarlo a cabo es hacer cumplir con perseverancia las normas que se inculcan y evitar que su aplicación sea inconstante o que los progenitores se contradigan.
Si los padres consideran que hay que sancionar las conductas negativistas de sus hijos deberán mantener en firme dicha sanción hasta el final y evitar que la actitud rebelde llegue a agotarles y no se acabe cumpliendo lo prometido. De ser así, reforzaría aún más el comportamiento negativista: el niño entendería que transgredir las normas no tiene consecuencias y que, por tanto, puede desafiar la autoridad de los padres. No obstante, esto no quiere decir que el castigo sea una constante, sino que el cumplimiento de aquél que se imponga debe ser real. De lo contrario, los padres -de manera inconsciente- pierden su credibilidad y es entonces cuando los niños entienden que da lo mismo cumplir con las normas establecidas en casa porque al final se salen con la suya.
…son demasiado estrictas
Las familias con normas excesivamente estrictas y sancionadoras, incluso con transgresiones propias de la edad, corren el riesgo de que sus pequeños se nieguen a cumplir de manera continuada los castigos por considerarlos injustos y excesivos. Aunque su actitud rebelde pueda estar más justificada en este caso, es probable que se desarrolle y mantenga una actitud negativa hacia cualquier imposición de los padres sólo por haber automatizado una respuesta negativa a las normas, sin distinguir si son justas o no. Por ello se aconseja que las familias que establecen límites demasiado rígidos eviten sancionar a los niños de forma automática y, sobre todo, que trabajen en reforzar los aspectos positivos de su conducta.

niño rebelde se portan malLa actitud rebelde e impulsiva más allá de la primera infancia puede esconder un trastorno del comportamiento

Los padres que se enfrentan a la actitud rebelde de sus hijos durante la infancia deben identificarla como una parte más de su desarrollo, y no como un problema. Incluso es beneficioso que lo entiendan como una oportunidad para inculcar los valores educativos que permitirán al pequeño evolucionar, de forma que vaya incorporando las normas de comportamiento en su código de conducta, además de aprender a relacionarse de forma correcta con su entorno. Sin embargo, cuando este comportamiento transgresor y hostil va más allá de la primera infancia (entre los cero y seis años) puede ser un indicador de que algo no funciona como corresponde.

Una vez superada la primera infancia, si un niño mantiene comportamientos rebeldes y desafiantes capaces de alterar el ambiente familiar por su intensidad y frecuencia es posible que esté gestando el Trastorno Negativista Desafiante (TND), que se manifiesta con una rebeldía constante hacia cualquier tipo de norma y autoridad impuesta por un adulto y puede desencadenar en una actitud hostil. Ante esta situación, muchos padres se sienten incapaces de fijar límites razonables a sus hijos al tener que lidiar de manera constante con un niño que se muestra desafiante y no acepta su autoridad.

La desesperación de los padres

Una conducta especialmente transgresora y hostil hacia los padres es interpretada por los psicólogos, en general, como el reflejo de que la maduración del niño no sigue su curso normal. Este Trastorno Negativista Desafiante se asocia a una inmadurez emocional que debería haberse superado en las primeras etapas de la infancia, y provoca que el niño reaccione con comportamientos propios de edades más infantiles porque no es capaz de gestionar sus emociones. Y lo hace de la única forma que sabe: mediante una actitud cargada de rebeldía y contrariedad hacia las normas establecidas, que llega a superar la paciencia de padres y educadores.

Esta postura, que puede mantenerse incluso hasta la adolescencia, disminuye de intensidad en la edad adulta. Pero hay que tener en cuenta que durante la infancia y la adolescencia la actitud de los más jóvenes se caracteriza por un egocentrismo que puede reforzar ciertas conductas contrarias a la autoridad de los adultos. Este egocentrismo puede verse exagerado si la maduración emocional se encuentra estancada, de tal forma que no se asuma la importancia de unas normas de comportamiento comunes a todos que deben ser respetadas, sobre todo cuando supone la obligación de renunciar a los deseos hedonistas inmediatos.

En estos casos, los pequeños responden con ataques de ira e impaciencia que se relacionan con un sentido aún poco desarrollado: la tolerancia a la frustración. Los límites establecidos por los padres se viven como algo inaceptable y, por tanto, el niño desafía a la autoridad para salirse con la suya.

Esta actitud rebelde puede manifestarse de forma hostil con un enfado, gritos o llantos. Pero igualmente desafiante es una actuación pasiva, como no cumplir de manera sistemática con lo establecido, no escuchar los razonamientos del adulto de forma deliberada e, incluso, manifestar quejas recurrentes que sirven de excusa para no cumplir con cualquier sugerencia de los padres.

niño rebeldejpgDel negativismo a la transgresión

Con una actitud tan negativa es más que probable que el ambiente familiar se vea perjudicado. Este comportamiento, por intolerante, puede traspasar los límites de la familia y verse reflejado en la escuela u otros ámbitos y hacer que la conducta negativista afecte a la mayoría de ambientes donde primen unas normas que todos deben cumplir. Es habitual que las situaciones que se generan con un niño desafiante pongan a prueba la paciencia de padres y personas encargadas de la educación. La consecuencia es que desencadenan actitudes negativas con gran facilidad también en los adultos que, por no tener recursos efectivos para que los pequeños sigan las normas establecidas, aplicarán sanciones de forma recurrente, endurecerán su criterio y aumentarán el número y la intensidad de los castigos.

Las constantes disputas se convierten así en rutina, de forma que se genera un círculo en el que las conductas transgresoras y hostiles de los pequeños se refuerzan y automatizan ante la impotencia y desesperación de los padres. Teniendo en cuenta que este trastorno tiene que ver con el desarrollo de la madurez emocional, es importante solicitar lo antes posible la ayuda de un especialista que asesore a los padres en la recuperación del proceso madurativo que corresponde por edad. Así se podrán evitar posibles trastornos de conducta en el futuro y la vida familiar transcurrirá con normalidad.

El Trastorno Negativista Desafiante se relaciona con actitudes que forman parte a su vez de otras alteraciones, como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDHA). En ambos se observan comportamientos en los que los adultos se sienten incapaces de controlar el comportamiento de sus hijos. El mismo patrón sigue el Trastorno Disocial, relacionado con conductas poco aceptadas, transgresoras y fuera de las normas sociales. En este caso, los individuos, además, son poco empáticos.

Cuando las normas…

…no están claras

El Trastorno Negativista Desafiante se da, en la mayoría de los casos, en contextos en los que las normas son difusas y el pequeño no tiene muy claro cuáles tiene que cumplir. Por ello es fundamental que los padres acuerden no sólo los límites que sus hijos deben respetar sino que además tienen que quedar bien claros. La mejor forma de llevarlo a cabo es hacer cumplir con perseverancia las normas que se inculcan y evitar que su aplicación sea inconstante o que los progenitores se contradigan.

Si los padres consideran que hay que sancionar las conductas negativistas de sus hijos deberán mantener en firme dicha sanción hasta el final y evitar que la actitud rebelde llegue a agotarles y no se acabe cumpliendo lo prometido. De ser así, reforzaría aún más el comportamiento negativista: el niño entendería que transgredir las normas no tiene consecuencias y que, por tanto, puede desafiar la autoridad de los padres. No obstante, esto no quiere decir que el castigo sea una constante, sino que el cumplimiento de aquél que se imponga debe ser real. De lo contrario, los padres -de manera inconsciente- pierden su credibilidad y es entonces cuando los niños entienden que da lo mismo cumplir con las normas establecidas en casa porque al final se salen con la suya.

…son demasiado estrictas

Las familias con normas excesivamente estrictas y sancionadoras, incluso con transgresiones propias de la edad, corren el riesgo de que sus pequeños se nieguen a cumplir de manera continuada los castigos por considerarlos injustos y excesivos. Aunque su actitud rebelde pueda estar más justificada en este caso, es probable que se desarrolle y mantenga una actitud negativa hacia cualquier imposición de los padres sólo por haber automatizado una respuesta negativa a las normas, sin distinguir si son justas o no. Por ello se aconseja que las familias que establecen límites demasiado rígidos eviten sancionar a los niños de forma automática y, sobre todo, que trabajen en reforzar los aspectos positivos de su conducta.

5 errores comunes que los padres cometen con sus hijos adolescentes

Septiembre 5, 2011

5 errores comunes que los padres cometen con sus hijos adolescentes
Esperar siempre lo peor de ellos, no dejarlos tomar pequeñas decisiones, no respetar su privacidad, son algunos de los errores más habituales.
Ser padres de un adolescente no es tarea sencilla, desafían límites permanentemente, se creen los más sabios de todos, dueños del universo, invulnerables y muchas veces pueden parecer seres extraños dentro del hogar. Sin embargo, siguen siendo nuestros hijos y lo que necesitan es la contención y orientación de sus padres.
Como padre hay que tener claro que los adultos somos nosotros y actuar conforme a esa idea, si bien no existe manual ni libreto que indique cómo ser un buen padre, hay algunos errores muy comunes que suelen cometer los padres con sus hijos adolescentes. Conocerlos de antemano puede ayudar a prevenirlos:
1. Tener malas expectativas
Tener siempre expectativas negativas, es decir esperar lo peor de nuestros hijos adolescentes, los predispone de alguna manera a que se comporten mal y se involucren en situaciones riesgosas. Los adolescentes son vistos como una especie de monstruos en potencia, unos bichos raros en metamorfosis permanente de los que siempre se sospecha, se desconfía y se cree que en cualquier momento van a hacer algo malo. Ellos son muy perceptivos y todo esto no hace más que fomentarlos a que actúen como se está esperando que lo hagan: mal.
2. No dejarlos tomar algunas decisiones
Los adolescentes es muy común que se sientan adultos y pretendan decidir todo en su vida, como padres es importante no entrar en un conflicto permanente de poder por pequeñeces y sí permitirles que tomen determinadas decisiones como ser el tipo de ropa que usarán, el peinado, es decir, cosas que no afectan y no hacen daño a nadie pero que para ellos son de suma importancia y ayudan a que se sientan con más confianza, con un margen de libertad fundamental en esa etapa de la vida. Intervenir o prohibir que decidan ellos sí, cuando hay situaciones de riesgo o de peligro potencial.
3. No establecer límites claros
Si bien la adolescencia es una etapa que se caracteriza por el desafío, el rompimiento permanente de reglas, el cuestionamiento constante de los límites, la rebeldía, etc., ello no es sinónimo de dejarlos ser y no reprimirlos ni marcarles hasta donde. Es precisamente en este período de la vida en el que se hace fundamental la figura firme de los padres, que aunque ellos no lo entiendan así, genera seguridad, confianza y tranquilidad. Poner límites claros y hacer que se respeten es la mejor manera de ayudarlos a crecer sanamente, ellos necesitan reglas y estructuras que los ayuden a incorporar los valores y principios que como padres hemos querido transmitirles.
4. No respetar su privacidad
Si bien para los padres los hijos siempre son unos bebés y los vemos como pequeñitos, es importante en esta etapa de la adolescencia darles mayor libertad, no invadirlos y revisarles sus cosas, respetar su privacidad, es fundamental para que confíen en nosotros. Esto no quiere decir no controlar ciertas cosas como ser el tipo de contenidos de Internet a que acceden, los programas de televisión que ven, sus salidas con amigos, etc.
5. No respetar o tomar en cuenta sus ideas
Muchas veces los adultos suelen trivializar, restar trascendencia a las ideas, pensamientos, creencias de los adolescentes. Esta es una etapa en la que priman los ideales, las utopías y está bien que puedan tenerlos sin que sean minimizados por sus padres.

errores de los padresEsperar siempre lo peor de ellos, no dejarlos tomar pequeñas decisiones, no respetar su privacidad, son algunos de los errores más habituales.

Ser padres de un adolescente no es tarea sencilla, desafían límites permanentemente, se creen los más sabios de todos, dueños del universo, invulnerables y muchas veces pueden parecer seres extraños dentro del hogar. Sin embargo, siguen siendo nuestros hijos y lo que necesitan es la contención y orientación de sus padres.

Como padre hay que tener claro que los adultos somos nosotros y actuar conforme a esa idea, si bien no existe manual ni libreto que indique cómo ser un buen padre, hay algunos errores muy comunes que suelen cometer los padres con sus hijos adolescentes. Conocerlos de antemano puede ayudar a prevenirlos:

1. Tener malas expectativas

Tener siempre expectativas negativas, es decir esperar lo peor de nuestros hijos adolescentes, los predispone de alguna manera a que se comporten mal y se involucren en situaciones riesgosas. Los adolescentes son vistos como una especie de monstruos en potencia, unos bichos raros en metamorfosis permanente de los que siempre se sospecha, se desconfía y se cree que en cualquier momento van a hacer algo malo. Ellos son muy perceptivos y todo esto no hace más que fomentarlos a que actúen como se está esperando que lo hagan: mal.

2. No dejarlos tomar algunas decisiones

Los adolescentes es muy común que se sientan adultos y pretendan decidir todo en su vida, como padres es importante no entrar en un conflicto permanente de poder por pequeñeces y sí permitirles que tomen determinadas decisiones como ser el tipo de ropa que usarán, el peinado, es decir, cosas que no afectan y no hacen daño a nadie pero que para ellos son de suma importancia y ayudan a que se sientan con más confianza, con un margen de libertad fundamental en esa etapa de la vida. Intervenir o prohibir que decidan ellos sí, cuando hay situaciones de riesgo o de peligro potencial.

3. No establecer límites claros

Si bien la adolescencia es una etapa que se caracteriza por el desafío, el rompimiento permanente de reglas, el cuestionamiento constante de los límites, la rebeldía, etc., ello no es sinónimo de dejarlos ser y no reprimirlos ni marcarles hasta donde. Es precisamente en este período de la vida en el que se hace fundamental la figura firme de los padres, que aunque ellos no lo entiendan así, genera seguridad, confianza y tranquilidad. Poner límites claros y hacer que se respeten es la mejor manera de ayudarlos a crecer sanamente, ellos necesitan reglas y estructuras que los ayuden a incorporar los valores y principios que como padres hemos querido transmitirles.

4. No respetar su privacidad

Si bien para los padres los hijos siempre son unos bebés y los vemos como pequeñitos, es importante en esta etapa de la adolescencia darles mayor libertad, no invadirlos y revisarles sus cosas, respetar su privacidad, es fundamental para que confíen en nosotros. Esto no quiere decir no controlar ciertas cosas como ser el tipo de contenidos de Internet a que acceden, los programas de televisión que ven, sus salidas con amigos, etc.

5. No respetar o tomar en cuenta sus ideas

Muchas veces los adultos suelen trivializar, restar trascendencia a las ideas, pensamientos, creencias de los adolescentes. Esta es una etapa en la que priman los ideales, las utopías y está bien que puedan tenerlos sin que sean minimizados por sus padres.

Errores típicos de los padres

Septiembre 4, 2011

Por estar cansados o no saber cómo lidiar con la situación, muchos padres se equivocan a la hora de disciplinar a sus hijos. Te contamos cuáles son las actitudes que debés evitar y cómo corregirlas.
Conseguir hijos obedientes y que acaten las órdenes cuando los padres quieren no es imposible.
La vida cotidiana y el cansancio pueden mermar las ganas de lidiar con los caprichos de los infantes y hace que bajes los brazos, dejándolos que hagan lo que quieran. Esta situación tampoco es un pecado (a cualquiera le puede pasar), el problema llega cuando la falta de límites es crónica y no hay retorno.
La clave para cualquier padre es entender que lo que él dice es una regla inamovible para los chicos (o así debería ser). Para que lo logres, te contamos las actitudes que NO debés tomar y así conseguirás marcarles los límites a tus hijos.
No mentirles para que hagan lo que vos querés
Todos los padres alguna vez le dijeron una mentira a su hijo para que hiciera aquello que se negaba a hacer. Si bien son comunes y efectivas en el corto plazo, estas amenazas de llamar al policía o al “hombre de la bolsa” si se porta mal pueden ser contraproducentes.
“La autoridad de los padres reside en la confianza que los chicos les tengan. No se puede construir una relación sana con los hijos mediante la manipulación”, asegura el psicólogo de familia Miguel Espeche. Hay que decirles la verdad; cuando ven que el padre está seguro en su decisión, los niños acatan.
Para no mentir y lograr lo que queremos hay que darles una explicación concreta y firme de por qué deseamos que coman, vayan a dormir o entren al jardín de infantes.
“Mentirles alguna que otra vez no arruinará al niño. No te sientas culpable si usaste alguna mentira piadosa con tu hijo, pero hacerlo de forma metódica no es bueno para nadie”, concluye el especialista.
No retractarte y cumplir con lo que dijiste
“Si volvés a tirar la cuchara al piso, te quedás sin postre”. Ésta es una típica advertencia de un padre. El error está en que muchas veces el niño vuelve a tirar la cuchara, pero come postre igual. Así el chico sabe perfectamente que puede seguir haciéndolo y no habrá consecuencias.
Al respecto, Espeche comenta: “Si el padre no tiene realmente convicción de hacer lo que dice, no debe decirlo porque el niño lo está midiendo”. Y agrega: “La salud del vínculo padre e hijo está basada en la confianza, que se mantiene siendo coherente con lo que decimos y hacemos”.
Si un chico actúa mal y fue advertido, tiene que tener una consecuencia inmediata y no hay que temerle a ser el malo de la película.
Hay que ser paciente para no decir más de lo que se debe y sólo prometer consecuencias que puedan ser puestas en práctica.
Si el niño vuelve a tirar la cuchara, no se le debe dar postre. Y hay que hacer cumplir esta “amenaza” tantas veces como sea necesario. Así, modificará su actitud.
“Si uno no cumple con lo que dijo que iba a suceder, su hijo no lo escuchará. Sabe que puede seguir y no habrá consecuencias”, afirma Espeche.
Los padres no deben contradecirse entre ellos
Si uno de los padres dice que los chicos se deben ir a la cama porque se portaron mal, el otro no puede desacreditar la orden.
“Tiene que haber sintonía emocional y ética entre los padres. Se puede meter la pata de vez en cuando, pero no pasa nada si el orden interior entre los padres es claro”, comenta el psicólogo. Y continúa: “El problema surge si esto se da sistemáticamente. Es grave cuando un niño percibe que la guerra entre órdenes es una guerra entre padre y madre”.
Cuando los adultos no están en sintonía es complicado porque los hijos saben que si no consiguen algo con uno, lo harán con el otro, sólo por la mera oposición entre ellos.
Hay que mostrarse como un frente unido ante ellos, así los pequeños tendrán un ordenamiento adecuado.
No premiarlos para que hagan algo
Muchas veces para conseguir que coman, vayan al dentista o accedan a quedarse con la baby sitter, los padres sobornan a los niños con juguetes o golosinas. El problema está en que cada vez que sea necesario que hagan algo, van a demandar este estímulo.
Según Miguel Espeche, el soborno a los hijos es algo típicamente argentino. Se enseña que sólo se hace lo correcto siempre y cuando alguien nos premie después (algo así como enseñar que somos justos porque nos van a dar una recompensa).
De esta manera, no se construye un conocimiento cabal de los chicos en cada hecho y no toman conciencia del beneficio de cada cosa.
“El padre deja de tener autoridad sobre su hijo y se la delega a la recompensa, que es la que lo hace cumplir con la acción. El niño termina siendo un mono del circo que sólo responde a estímulos para que avance”, opina.
La manera de hacerlo es persuadirlos diciéndoles frases de este estilo: “Mamá va a estar muy orgullosa si terminás la comida”.
No esperar demasiado para disciplinarlos
“Para que los niños pequeños aprendan la lección de algo que hicieron mal, tienen que poder vincular la consecuencia que le imponen los padres con su mala conducta”, afirma el especialista.
No sirve de nada dejar sin postre o mandar a dormir temprano a un chico que hizo algo malo muchas horas antes, ya que no recuerdan qué hicieron mal.
La penitencia por el mal comportamiento tiene que ser inmediatamente posterior para que lo puedan unir como acto-consecuencia.
No explicarles todo
“Explicarles las cosas para lograr que hagan lo que queremos no sirve  para los hijos y es un martirio para los padres”, afirma.
Si cada vez que queremos que se comporte de una manera se lo tenemos que explicar, el día que no tengamos una explicación, perdemos la autoridad. El chico es como un auditor que ve si es justo o no lo que dice el padre y ahí decide si lo hace o no.
El psicólogo asegura: “Es patético ver a un padre explicándole todo a su hijo como pidiéndole disculpas por disciplinarlo; degrada la figura del progenitor. De esta manera, el padre no se está haciendo cargo de la autoridad”.
En una relación sana, la voz de los padres es como la voz de Dios; es

Errores típicos de los padresjpgPor estar cansados o no saber cómo lidiar con la situación, muchos padres se equivocan a la hora de disciplinar a sus hijos. Te contamos cuáles son las actitudes que debés evitar y cómo corregirlas.

Conseguir hijos obedientes y que acaten las órdenes cuando los padres quieren no es imposible.

La vida cotidiana y el cansancio pueden mermar las ganas de lidiar con los caprichos de los infantes y hace que bajes los brazos, dejándolos que hagan lo que quieran. Esta situación tampoco es un pecado (a cualquiera le puede pasar), el problema llega cuando la falta de límites es crónica y no hay retorno.

La clave para cualquier padre es entender que lo que él dice es una regla inamovible para los chicos (o así debería ser). Para que lo logres, te contamos las actitudes que NO debés tomar y así conseguirás marcarles los límites a tus hijos.

No mentirles para que hagan lo que vos querés

Todos los padres alguna vez le dijeron una mentira a su hijo para que hiciera aquello que se negaba a hacer. Si bien son comunes y efectivas en el corto plazo, estas amenazas de llamar al policía o al “hombre de la bolsa” si se porta mal pueden ser contraproducentes.

“La autoridad de los padres reside en la confianza que los chicos les tengan. No se puede construir una relación sana con los hijos mediante la manipulación”, asegura el psicólogo de familia Miguel Espeche. Hay que decirles la verdad; cuando ven que el padre está seguro en su decisión, los niños acatan.

Para no mentir y lograr lo que queremos hay que darles una explicación concreta y firme de por qué deseamos que coman, vayan a dormir o entren al jardín de infantes.

“Mentirles alguna que otra vez no arruinará al niño. No te sientas culpable si usaste alguna mentira piadosa con tu hijo, pero hacerlo de forma metódica no es bueno para nadie”, concluye el especialista.

No retractarte y cumplir con lo que dijiste

“Si volvés a tirar la cuchara al piso, te quedás sin postre”. Ésta es una típica advertencia de un padre. El error está en que muchas veces el niño vuelve a tirar la cuchara, pero come postre igual. Así el chico sabe perfectamente que puede seguir haciéndolo y no habrá consecuencias.

Al respecto, Espeche comenta: “Si el padre no tiene realmente convicción de hacer lo que dice, no debe decirlo porque el niño lo está midiendo”. Y agrega: “La salud del vínculo padre e hijo está basada en la confianza, que se mantiene siendo coherente con lo que decimos y hacemos”.

Si un chico actúa mal y fue advertido, tiene que tener una consecuencia inmediata y no hay que temerle a ser el malo de la película.

Hay que ser paciente para no decir más de lo que se debe y sólo prometer consecuencias que puedan ser puestas en práctica.

Si el niño vuelve a tirar la cuchara, no se le debe dar postre. Y hay que hacer cumplir esta “amenaza” tantas veces como sea necesario. Así, modificará su actitud.

“Si uno no cumple con lo que dijo que iba a suceder, su hijo no lo escuchará. Sabe que puede seguir y no habrá consecuencias”, afirma Espeche.

Los padres no deben contradecirse entre ellos

Si uno de los padres dice que los chicos se deben ir a la cama porque se portaron mal, el otro no puede desacreditar la orden.

“Tiene que haber sintonía emocional y ética entre los padres. Se puede meter la pata de vez en cuando, pero no pasa nada si el orden interior entre los padres es claro”, comenta el psicólogo. Y continúa: “El problema surge si esto se da sistemáticamente. Es grave cuando un niño percibe que la guerra entre órdenes es una guerra entre padre y madre”.

Cuando los adultos no están en sintonía es complicado porque los hijos saben que si no consiguen algo con uno, lo harán con el otro, sólo por la mera oposición entre ellos.

Hay que mostrarse como un frente unido ante ellos, así los pequeños tendrán un ordenamiento adecuado.

No premiarlos para que hagan algo

Muchas veces para conseguir que coman, vayan al dentista o accedan a quedarse con la baby sitter, los padres sobornan a los niños con juguetes o golosinas. El problema está en que cada vez que sea necesario que hagan algo, van a demandar este estímulo.

Según Miguel Espeche, el soborno a los hijos es algo típicamente argentino. Se enseña que sólo se hace lo correcto siempre y cuando alguien nos premie después (algo así como enseñar que somos justos porque nos van a dar una recompensa).

De esta manera, no se construye un conocimiento cabal de los chicos en cada hecho y no toman conciencia del beneficio de cada cosa.

“El padre deja de tener autoridad sobre su hijo y se la delega a la recompensa, que es la que lo hace cumplir con la acción. El niño termina siendo un mono del circo que sólo responde a estímulos para que avance”, opina.

La manera de hacerlo es persuadirlos diciéndoles frases de este estilo: “Mamá va a estar muy orgullosa si terminás la comida”.

No esperar demasiado para disciplinarlos

“Para que los niños pequeños aprendan la lección de algo que hicieron mal, tienen que poder vincular la consecuencia que le imponen los padres con su mala conducta”, afirma el especialista.

No sirve de nada dejar sin postre o mandar a dormir temprano a un chico que hizo algo malo muchas horas antes, ya que no recuerdan qué hicieron mal.

La penitencia por el mal comportamiento tiene que ser inmediatamente posterior para que lo puedan unir como acto-consecuencia.

No explicarles todo

“Explicarles las cosas para lograr que hagan lo que queremos no sirve  para los hijos y es un martirio para los padres”, afirma.

Si cada vez que queremos que se comporte de una manera se lo tenemos que explicar, el día que no tengamos una explicación, perdemos la autoridad. El chico es como un auditor que ve si es justo o no lo que dice el padre y ahí decide si lo hace o no.

El psicólogo asegura: “Es patético ver a un padre explicándole todo a su hijo como pidiéndole disculpas por disciplinarlo; degrada la figura del progenitor. De esta manera, el padre no se está haciendo cargo de la autoridad”.

En una relación sana, la voz de los padres es como la voz de Dios; es

¿Qué hacer con los hijos en vacaciones?

Febrero 6, 2011

hijos  que estan de vacaciones,jpgLos chicos y las chicas, igual que las personas adultas, necesitan las vacaciones para desconectar de sus tareas habituales y vivir experiencias diferentes. Sin embargo, cuando llegan las vacaciones del verano, a muchos padres y madres se les presenta el problema de qué hacer con los hijos mientras ellos trabajan.

Existen distintas posibilidades y cada familia buscará aquellas que les parezcan más adecuadas, teniendo en cuenta su situación y las necesidades e intereses de sus hijos e hijas.

Conviene que los chicos tengan actividades programadas, sin que éstas les ocupen todo el tiempo. Si no saben qué hacer o no tienen nuevos estímulos corren el riesgo de estar muchas horas frente al televisor o con los videojuegos y podrá anidar en ellos la pasividad o la vagancia.

Estar fuera de casa les ayudará a conocer otros lugares, costumbres…; además, aprenderán a compartir y ganarán en autonomía y responsabilidad, dado que se ocuparán de tareas que en bastantes casos no hacen: fregar los platos, hacer la cama, etc. Este puede ser el punto de partida para que las asuman en casa cuando vuelvan.

Para todos aquellos niños que tienen la suerte de tener abuelos, será beneficioso para ambos pasar un tiempo juntos. No obstante, no conviene abusar de los abuelos canguros, ya que suelen ser personas mayores, quizá con problemas de salud y no cuentan con la energía suficiente para estar las veinticuatro horas del día con los nietos.

Otras posibilidades son las de asistir a colonias urbanas, ludotecas o practicar algún deporte. Estas opciones permiten, en algunos casos, compatibilizarlas con el horario laboral de los padres.

Cuando esté toda la familia de vacaciones elegirán el sitio más adecuado para todos, procurando que no haya mucha gente. Aunque se esté de vacaciones se hará una planificación que les permita estar juntos, por tanto, se fijarán los horarios de las comidas, de levantarse y acostarse, junto a las tareas de cada uno en la casa.

Estará bien que los chicos no se desvinculen del todo de las tareas “escolares”. La lectura debería ocupar un lugar importante, así como descubrir aspectos de la naturaleza o escribir un diario; a algunos les irá bien repasar aquellas parcelas de sus estudios en las que vayan peor.

La toxoplasmosis en el embarazo

Enero 13, 2011

la toxiplasmosis en embarazosjpgLa toxoplasmosis es una enfermedad que se debe a un parásito que vive en la carne y en la tierra. También los gatos pueden ser portadores de esta enfermedad ya que se infectan al comer la carne cruda o poco hecha. Este afección, que a priori es inofensiva, puede tener graves consecuencias si una madre contagiada la transmite al feto por vía placentaria.

Diagnóstico y tratamiento de la toxoplasmosis

Por regla general, en las primeras visitas que una embarazada realiza a su ginecólogo se le solicita una prueba serológica para determinar si no ha tenido la toxoplasmosis o si la ha padecido previamente y ya está inmunizada. Actualmente no exite ningún tratamiento preventivo ya que no hay vacuna; aunque si no se está inmunizada es conveniente adoptar algunas precauciones para evitar el contagio.

Consejos para no contraer la toxoplasmosis

- Se debe cocinar bien la carne, en especial la de cerdo, cordero y buey. Las carnes preparadas de forma industrial son preferibles a las carnes que se venden en los mercados o que vienen directamente de la granja. La carne congelada también es una buena opción ya que la toxoplasmosis muere a – 18º C.

- Se recomienda lavar con mucha agua todas las frutas y verduras que crecen a ras de tierra, sobre todo si se van a comer crudas.

- Debera lavarse bien las manos antes de cada comida y después de manipular carne cruda o tierra.

- Evite el contacto con los gatos y si tiene uno procure que no tome carne cruda y haga que otra persona desinfecte su caja todos los días.

Contagio del niño

En el caso de que la madre padezca la toxoplasmosis en el curso del embarazo, habrá que efectuar una punción del cordón umbilical para obtener una muestra de sangre fetal y poder determinar si el feto también ha sido contagiado.

Las consecuencias para el feto son distintas según el momento del embarazo en el que se encuentre la mujer que contrae la toxoplasmosis.

Si la toxoplasmosis se contrae durante la primera mitad del embarazo, el peligro de transmisión de la enfermedad al feto no es muy alto (5% a 10% de los casos), pero si se produce la infección resulta extremadamente grave, ya que afecta al sistema nervioso y ocular del niño. Si se confirma que el feto esta infectado se puede optar por la interrupción del embarazo. En caso contrario, se deberá seguir con el tratamiento hasta el parto para evitar la propagación de la infección a distintos órganos del feto.

Si la toxoplasmosis se contrae al final del embarazo los riesgos de contagio del feto son más altos pero las consecuencias de la infección son menos peligrosas para el niño. Por tanto, la gestación puede continuar bajo tratamiento.

cuidado con los niños y los accidentes

Enero 12, 2011

cuidado de los niños para evitar accidenteLos accidentes en los más pequeños no es un tema menor: en el mundo occidental, llegan a ser la principal causa de muerte de los niños mayores de un año. Los accidentes graves pueden tener consecuencias realmente lamentables, con lesiones duraderas o permanentes.

En España y en la mayoría de los países del hemisferio norte ya se está en verano, época del año en que aumentan considerablemente también los accidentes de niños, de aquí que los padres y cuidadores deban extremar los cuidados, y, en especial, aquellos de niños de entre uno y cuatro años.

Por lo general, los niños son más propensos a tener accidentes en comparación con las niñas, ya que éstas últimas suelen ser más cuidadosas y prudentes.

Se sabe que uno de cada cuatro accidentes infantiles se produce por un descuido o falta de vigilancia de los mayores, y sólo uno de cada diez es debido al “azar”.

De todos modos, vale mencionar que la gran mayoría de los accidentes son leves, tales como caídas, golpes y heridas, y en un 70 por ciento se producen en el ámbito del hogar. No obstante, también son frecuentes las quemaduras, intoxicaciones, picaduras de animales y aspiración de cuerpos extraños.

La cocina y el baño en una casa son dos de las zonas más peligrosas en el caso de los pequeños menores de un año, mientras que en los más mayores también hay que tener crucial cuidado con las escaleras, u otros lugares altos tales como árboles, la zona del jardín y de juegos, y los exteriores de la vivienda.

En este último sentido, especial recaudo será necesario tener con el agua: el ahogamiento, que se da más en los meses de verano por las piscinas y el mayor contacto con el mar, representa la segunda causa de muerte por accidente (la primera son los imprevistos por tráfico vehicular).

Los accidentes de tránsito también son responsables en gran medida de fallecimientos prematuros. Lo cierto es que tanto los niños como los adultos deberán ir adecuadamente protegidos, utilizando para ello sistemas de retención homologados a cada edad (cinturón de seguridad o sillas en coches, y cascos en bicicletas y motos).

A modo de conclusión, bien vale la pena recordar que si bien la época de vacaciones es la mejor para el juego y para el desarrollo de las habilidades sociales y deportivas; también lo puede ser para los accidentes. Necesario será mantener la atención sobre los pequeños y prevenir imprevistos lamentables. Que un accidente no empañe la alegría de las vacaciones de verano.

Potencializa los talentos de tus hijos de forma sana y disfrutable

Noviembre 18, 2010

talentoProbablemente  tú, al igual que muchas mamás, estás realmente interesada en que tus hijos tengan por las tardes espacios recreativos y de aprendizaje de otras habilidades distintas a las académicas, para que descubran y desarrollen sus talentos. Sin embargo, tal vez te has visto en la dificultad de elegir de forma correcta clases que los atraigan. Es común que este asunto se convierta en una lucha con tus hijos o contra el tiempo, en la que te sientas agotada o ellos te expresen incomodidad, exceso de exigencia o falta de tiempo para jugar o para invitar a sus amigos a casa. Esto, invariablemente, genera un desgaste familiar. Para aminorar esto y promover realmente sus talentos, puede serte útil que tomes en cuenta los siguientes aspectos:

1. Cómo detectar sus talentos

¿Cómo saber qué es lo que más le gusta a tu hijo? Para descubrirlo, no necesitas probar inscribiéndolo a todo tipo de clases en una misma semana porque lo saturarías demasiado y no le dejarías tiempo para jugar y descansar, algo también fundamental para su desarrollo social e intelectual. Se trata de que lo conozcas más, lo observes  y dialogues con él para saber qué es lo que más lo atrae. Esto puede requerir tiempo, y muy probablemente no lo descubrirás en la primera vez que tome clases por la tarde. Sin embargo, lo que ayuda es:

a) Exploren sus cinco sentidos: Pídele que te ayude en la cocina a preparar alimentos con tu supervisión, para que pruebe diferentes sabores y olores. Hagan actividades experimentando con el sentido del tacto (plastilina, barro).

b) Estimula su sensibilidad artística: Exponlo a diferentes tipos de géneros musicales, acudan a obras de teatro infantiles, llévalo a conciertos, exposiciones de pintura para niños, etc.

c) Promueve su intelecto y expresividad: Dale rompecabezas, legos y material para construir. Ten en casa un baúl o caja con ropa vieja, retazos de tela, sombreros, accesorios, etc. para que invente personajes y haga teatro con sus hermanos o amigos.

d) Motiva su interés por los deportes y actividades de motricidad gruesa: Bailen en casa, jueguen pelota, acudan a torneos de deportes o al estadio, vean en la TV diferentes deportes, etc.

Si ves que tu hijo muestra una especial atención o interés por alguno de estos estímulos, que se divierte especialmente realizándolo y que se entretiene mucho rato practicándolo, entonces puedes inscribirlo –cuando tenga mínimo 5 años- a clases especiales de esta disciplina. Y si no se queja todos los días cada vez que tiene que ir a clases, continúa practicando en casa y lo ves entusiasmado con ellas, has dado en el clavo: ése es su talento. Fomenta su aprendizaje y pónselo fácil para que siga creciendo en esa disciplina.

2. Tips para potencializar su talento de forma agradable

Si tu hijo no sabe cuáles clases elegir, preséntale de forma más directiva 5 ó 6 propuestas, para que elija una o dos. Busca que firme un compromiso  por 6 meses o por un curso completo, acordando una fecha final en la que evaluarás junto con él si continúa o prueba con otra actividad distinta. Así evitas que cada mes quiera cambiar de actividad antes de adaptarse.

Antes de que lo inscribas a una clase, pide una clase de prueba sin compromiso para que cuando tome la decisión tenga más claro lo que puede obtener, lo que se espera de él y el ambiente del lugar.

Si sus clases le gustan, motívalo dándole prioridad al hecho de que lo disfruta, le divierte y le apasiona, más que a la meta de “ser el mejor” en esa disciplina.
Organiza tus horarios para que mientras tus hijos están en sus clases, puedas dedicarte unos minutos exclusivos a tu persona (puedes ir de compras, caminar en un parque cercano, acudir a una clase para ti, descansar en casa, etc.), de manera que los traslados y horarios no sean factores que estresen a todos.

Considera que ciertas clases pueden ser muy útiles para cubrir sus necesidades de expresión de sentimientos (como la pintura, el teatro, la música) o de exteriorización de energía agresiva (como el fútbol, tae kwon do, etc.)

Deja por lo menos una tarde libre, para que puedan invitar amigos o simplemente tener ratos de ocio en los que desarrollen su creatividad de forma más espontánea y con su propia iniciativa, evitando que dependan de lo externo para entretenerse.

No utilices las clases por la tarde como un premio o castigo, considéralas como algo independiente. Así evitas que a través de esto se  negocien de forma incongruente ciertas cuestiones disciplinarias.

Trata de equilibrar actividades deportivas o físicas, con actividades estimulantes de la sensibilidad artística, para que haya un balance en la estimulación de ambos hemisferios cerebrales.

3. El dilema de las clases semi-profesionales

Cuando ya has descubierto su talento y en el lugar donde toma las clases es invitado a participar en la selección, competencias o concursos especiales, requiriendo que invierta más horas semanales para su preparación, es importante que te contestes las siguientes preguntas: ¿Veo a mi hijo estresado? ¿Esto nos desgasta como familia? ¿Esto responde más a mis intereses o aspiraciones que a las de mi hijo? ¿Ya no tiene tiempo para invitar o ser invitado por sus amigos? ¿No tiene tiempo para hacer la tarea o la hace por la noche? ¿Ha disminuido su rendimiento escolar por este motivo? ¿Ya no tiene ratos de ocio o descanso? Si la mayoría de las respuestas son afirmativas, será importante replantearse la conveniencia de esta situación, para reestructurarla de manera que siga siendo disfrutable y funcional para todos.

En fin, las clases por la tarde pueden ser un gran recurso para potencializar sus talentos y enriquecerlos, siempre y cuando no generen un desgaste que disminuya su calidad de vida como familia

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