Terapias y defensas patológicas

Julio 6, 2010

untitledhijosTambién persigue resolver conflictos y eliminar defensas patológicas, aunque no se propone una reestructuración caracterial a fondo como el psicoanálisis clásico. No existe mucha teoría sobre ella, aunque podríamos conceptualizarla como una versión del psicoanálisis más orientada al insight limitado a las formas actuales en que se revelan sus estructuras dinámicas y a la eliminación de síntomas, y que suele ser indicada a pacientes que por diversas razones (en general, dificultades para asumir el encuadre explícito y/o implícito) no parecen poder beneficiarse de un análisis clásico en toda la regla.

La periodicidad suele ser de 1 a 3 sesiones semanales, durante un tiempo muy variable según las circunstancias de cada caso. Se hace un menor énfasis en la asociación libre, y el análisis de la transferencia con el analista se sustituye más frecuentemente por el de las transferencias con otras personas significativas; puede decirse que existe un mayor énfasis en los sucesos interpersonales. Por este motivo, se propicia más la alianza de trabajo (orientada a la tarea, descansa en gran parte sobre la motivación de tratamiento del paciente, aunque exige también una capacidad específica por parte del terapeuta) que la neurosis de transferencia. En este sentido, la regresión se contiene más que en el psicoanálisis tradicional, y en general puede decirse que se realiza un esfuerzo deliberado de contención de la misma a un nivel máximo similar al traído a la terapia desde sus inicios. En base a estas consideraciones, se propicia el encuentro cara a cara en vez del uso del diván.
El papel del terapeuta es más activo y focaliza más sus intervenciones. El proceso es indudablemente más flexible y suele incluir pautas psicofarmacológicas.

PSICOTERAPIA DE APOYO
Es el tratamiento de elección para pacientes que se ven limitados en su capacidad de cambio o en su implicación terapéutica. Busca el alivio de los síntomas sin entrar en la estructura de carácter y/o resolución de conflictos básicos. Por ello se centra en el cambio externo de la conducta, y ni se liberan contenidos reprimidos, ni se toca el inconsciente.

Al no disponer de una estructura yoica lo suficientemente sólida para elaborar e integrar ese material, la estrategia se centra en reforzar las defensas e introducir otras, pero siempre en el intento de conseguir y mantener el mejor nivel de adaptación posible.

No se producen evidentemente interpretaciones transferenciales, aunque se propicia la identificación con el terapeuta. Este es una figura claramente de autoridad que apoya la restauración o corrección de defensas y capacidades de integración. Tiene un papel directivo, activo, y con sus autorevelaciones y guías intenta modelar los recursos para el manejo efectivo de problemas. En cualquier caso el foco es siempre consciente, aunque con frecuencia se trabaja también el esquema moral contenido a nivel del Superyó. La neurosis de transferencia es desalentada, y se intenta potenciar la alianza de trabajo. Tampoco se usa el diván por razones obvias, pues se impide la regresión en lo posible. De hecho, uno de los peligros de esta variante psicoterapéutica es el de elicitar regresiones y pautas de dependencia demasiado intensas.

Según el paciente, se puede limitar el tiempo del proceso terapéutico; en cualquier caso, las visitas están más espaciadas que en otras formas de trabajo psicoterapéutico, e incluso pueden concertarse a demanda del propio paciente. En general, ésta suele originarse en dificultades ambientales, enfermedades o descompensaciones.

PSICOTERAPIAS DINAMICAS BREVES E INTERVENCIONES EN CRISIS
Se empiezan a desarrollar a partir de las primeras aplicaciones psicoterapéuticas en situaciones de emergencia llevadas a cabo por Lindemann, integrando los aportes teóricos psicoanalíticos de Ferenczi, E. Erikson y otros, con la teoría de las crisis de G. Caplan. A nivel asistencial, se ha visto rápidamente aceptada a partir de la insatisfacción con la prolongada duración y las exigencias económicas del psicoanálisis y los otros derivados ya expuestos; Malugani encuentra su justificación en aspectos sociales (accesibilidad de las clases bajas), económicos (menor coste) y en las aplicaciones preventivas. El texto pionero y fundamental se considera el de Alexander y
French de 1946 Terapéutica psicoanalítica, aunque hoy día se integran bajo el concepto de psicoterapias breves otros enfoques no derivados del psicoanálisis.

La psicoterapia breve integra un número amplio de formatos que varían en muchas de sus características básicas, aunque comparten un anclaje psicodinámico común, y una preocupación por la brevedad del tratamiento. Un intento de definición debe incluir los siguientes factores: la limitación en el tiempo, la focalización de los objetivos, el fin preventivo adicional, los criterios de selección de pacientes, y el requerimiento de un papel especialmente activo en el terapeuta.

CONCEPTOS BASICOS
El concepto de tiempo
Es un elemento básico en la identidad de esta modalidad psicoterapéutica, y su exponente máximo en este sentido es J. Mann. En general, podríamos definir la limitación de tiempo característica a menos de 6 meses. Sin embargo, es necesario considerar el tiempo lógico o subjetivo; es decir, el que cada paciente necesitará para conocer su problemática y elaborarla pertinentemente. Es este último concepto el que se ve menos reconocido en la psicoterapia breve, y explica al mismo tiempo su popularidad en la asistencia institucional, así como la necesidad de seleccionar muy adecuadamente al paciente susceptible de beneficiarse de la misma, y esto incluye tener presente la idea que éste tiene del tiempo.

Es interesante reconocer que la limitación temporal, en los pacientes adecuados, constituye una importante ventaja, en la medida en que facilita una colaboración consistente en no dispersar el material de trabajo y por ello limitarlo al foco establecido. Al mismo tiempo, el encuadre temporal inicial debería ser asumido de una manera flexible y tentativa, y ello no puede ser de otra manera ya que al inicio del tratamiento no se sabe aún la intensidad y complejidad del problema en toda su magnitud.

Los factores de prolongación han sido estudiados por Malan desde dos puntos de vista: en el paciente y en el terapeuta; en la Tabla se expone una relación de los mismos. La preocupación fundamental de la psicoterapia breve de cualquier signo, es lograr vencer tales factores.

Tabla: Factores de prolongación de la psicoterapia
EN EL PACIENTE:
.Resistencias
.Sobredeterminación de los síntomas
.Necesidad de elaboración analítica (working through)
.Raíces infantiles de toda neurosis
.Transferencia
.Dependencia
.Transferencia negativa relacionada con el fin del análisis
.Neurosis de transferencia

EN EL TERAPEUTA:
.Tendencia a la pasividad, o dejarse llevar por el paciente
.Transmitir al paciente una sensación de interminabilidad
.Perfeccionismo terapéutico
.Interés creciente por experiencias cada vez más profundas y antiguas, por el principio psicoanalítico del determinismo
.Pérdida gradual de entusiasmo

Focalización
Es probablemente el denominador común de las psicoterapias breves, así como su dificultad técnica más importante. Consiste en la delimitación de la intervención terapéutica a aspectos específicos del caso; es decir, la programación de una meta. Hay varios tipos de focos, y según el modelo terapéutico elegido puede tratarse de un propósito consciente y asumido por ambas partes, o bien el resultado una hipótesis dinámica que elabora el terapeuta en función del planteamiento del paciente.

La situación
Cara a cara; esto es siempre más difícil y delicado que el uso del diván. Exige del terapeuta un papel más activo, incluyendo una postura de atención selectiva y de directividad sobre los contenidos de la terapia.

Criterios de selección de pacientes
Trastornos de inicio reciente.
.Capacidad adecuada para establecer una alianza terapéutica sólida.
.Motivación para el tratamiento; de alguna manera, que la enfermedad es contraria al Yo.
.Adecuada capacidad de insight y de comunicación verbal efectiva.
.Mecanismos de defensa amplios y poco rigidificados.
.Tolerancia a la ansiedad y frustración.
.Preferiblemente, edad no avanzada, aunque se es muy variable en este aspecto dependiendo más de la patología, motivación y objetivos que de la edad perse.
.Las contraindicaciones se centran en principio en pacientes que requieran reestructuraciones globales de personalidad, que tengan fuerte tendencia a la actuación de conflictos fuera del marco terapéutico, no cooperativos, toxicodependientes, y con larga historia de fracasos psicoterapéuticos.

Características del terapeuta
.Alta motivación de trabajo personal y profesional.
.Capacidad de estimular al paciente y a su contexto.
.Disposición a cooperar, tanto con el paciente como con su entorno, otros profesionales, etc.
.Adecuada formación, incluyendo preparación psicodinámica, entrenamiento didáctico, y supervisiones.

MODELOS
Uno de los enfoques básicos es el de Bellak y Small, que igualan Psicoterapia Breve, Psicoterapia de Emergencia e Intervención en Crisis.

El objetivo básico es proporcionar alivio sintomático hasta un punto en que se pueda dejar al tiempo hacer el resto, o bien derivar en condiciones hacia psicoterapia extensiva e intensiva. Su formato es de cinco sesiones (número orientativo, y por tanto flexible), a razón de una por semana en principio.

Otro modelo de gran prestigio es el de Malan, que maneja dos triángulos básicos en la estructuración de su terapia, llamada terapia focal. El primero de ellos o “triángulo del conflicto” incluye los vértices siguientes: D (mecanismos de defensa), A (ansiedad), y SI (sentimientos inconscientes). Este triángulo se relaciona con el de las “personas”, constituido por: O (relaciones actuales con los otros significativos), T (relaciones transferenciales con el terapeuta) y P (con personas significativas del pasado, progenitores normalmente). En terapia, se actualiza el triángulo del conflicto en la persona del terapeuta, y es función de éste conectarlo con O y con P. Molnos elabora esta dinámica gráficamente incluyendo en cada uno de los tres vértices del triángulo de las personas un triángulo de los conflictos.

Sifneos busca la provocación continua de ansiedad en el paciente, obligándole a enfrentar lo doloroso. No hace tanta referencia al psicoanálisis, y de hecho su enfoque es el mejor y más claramente sistematizado.

Mann ha desarrollado la psicoterapia de tiempo limitado, apoyado especialmente en las concepciones de Bowlby (19). Se limita el número de sesiones desde el principio, tanto por la intensificación del proceso que supone (enfatizando lo transitorio de la relación con el terapeuta) como por la carga de expectativas positivas que se crean. Para Mann, el conflicto separación-individualización es universal, y repasa con el paciente sus distintos momentos evolutivos trabajando ese tema.

Davanloo se basa en el esquema de los triángulos de Malan al tiempo que reta continuamente las defensas del paciente en la línea de Sifneos. Es menos selectivo con los pacientes, y parece haber obtenido unos niveles de eficacia prometedores (19).

Otros autores destacados son Horowitz, Strupp, y Balint. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el concepto de psicoterapia breve de orientación dinámica se va aproximando poco a poco al de la terapia cognitivo-conductual, en la medida en que los focos más frecuentes se centran en diferentes combinaciones de afectos con cogniciones como determinantes de comportamientos específicos, fundamentalmente relacionales (20). Es posible que la unión se realice dentro del denominado paradigma constructivista, representado por el modelo de terapia cognitivo-estructural de Guidano y Liotti.

Abuso y Maltrato Infantil: Entrevista psicólogica

Julio 6, 2010

2FA5BC75-5abusoHoy vamos a tocar el tema de abuso y maltrato infantil y como es el abordaje desde la primera entrevista psicológica, como sabemos la entrevista psicológica es la herramienta fundamental con la que cuenta el psicólogo.

Lejos de ser una indagatoria, la entrevista psicológica pretende acercarse del modo más contenedor posible al problema que sufre una persona, en este caso, un niño, facilitándole desde nuestro especial modo de abordaje, que pueda comunicarnos la naturaleza de su sufrimiento y relato de los hechos que lo motivaron.

Aunque parezca obvio hay que aclarar lo fundamental que resulta el hecho de que el entrevistador conozca las capacidades y limitaciones del niño para conducir la entrevista de tal modo que pueda recabar la información que se requiere de él, teniendo en cuenta, muy especialmente, el momento del desarrollo evolutivo en que se encuentra. Con esto nos referimos a su nivel de pensamiento: intuitivo, concreto o formal, a su capacidad de memoria y a su ubicación témporo – espacial.

Para ello debemos conocer el desarrollo evolutivo de los niños, sus posibilidades y sus limitaciones, tanto para comprender como para expresarse.

Somos nosotros los que debemos adecuarnos a ellos y no tratar de forzarlos a contestar cuestionarios que no terminan de entender o los sumen en un estado de angustia.

La misma pregunta reformulada en un lenguaje semejante al utilizado por el niño, según su edad, y atendiendo al especial estado afectivo por el que atraviesa, seguramente arrojará resultados más certeros y contribuirá a un mejor clima emocional en la entrevista.

Antes de adentrarnos en recomendaciones técnicas sobre cómo llevar a cabo esta entrevista, deseamos advertir sobre un hecho preocupante que comienza a observarse en nuestro medio.

Dado el auge que ha tomado el tema del abuso sexual infantil y, especialmente, la difusión y exposición de relatos de víctimas en los medios de comunicación masiva, creemos que es fundamental que el niño no haya sido expuesto con anterioridad a información errónea fuera del ambiente formal de la entrevista. Muchos niños escuchan otros relatos, de su caso o de otras situaciones que pueden confundir o distorsionar su propio recuerdo.

Con las mejores intenciones, a veces, algunas personas allegadas al niño realizan su propia indagatoria forzando a éste a que relate detalles o agregue comentarios, o, peor aún; hacen interpretaciones de hechos que no ayudan, es más pueden entorpecer el proceso de recuerdo y elaboración del trauma.

Esto se agrava cuando el niño es muy pequeño y le cuesta aún más elaborar un relato fiel de lo ocurrido, cuando el hecho toma, por sus características, estado público (cuando el abuso es extra familiar y hay más niños implicados) y por supuesto, resulta devastador cuando ninguno de los padres utiliza al niño en una batalla legal por la tenencia en casos de divorcio controvertido.

Lejos de pretender colaborar en el ocultamiento de las situaciones de abuso infantil, creemos que por el bien del niño, no hay que sobreexponerlo, sino, ante la duda, consultar inmediatamente a un equipo especializado que sepa encarar esta problemática de la manera menos traumática y más segura, tanto para él como para su familia. En el proceso de recuerdo y elaboración del daño sufrido en estos niños hay que considerar no sólo las características propias de las funciones de la atención y de la memoria infantil que varían según la edad, sino también justamente, la naturaleza traumática del hecho sobre el que tienen que testificar. Estos hechos ponen en marcha mecanismos defensivos tales como la disociación y la negación los cuales interfieren en el recuerdo y en el relato mismo.

Sabemos que, en líneas generales, la atención se concentra en momentos de estrés. Sin embargo, cuando el estrés intenso se convierte en estrés traumático, la persona se siente totalmente desbordada, no puede procesar información de manera narrativa, produciéndose una disociación de la memoria. La misma se ubica en compartimentos que no logran integrase en los esquemas existentes.

Ahora bien, aún cuando la disociación se produce durante la experiencia traumática, la persona la codifica y, aunque actúe posteriormente la represión y la aleje de la conciencia, es posible recuperar la memoria un momento posterior.

En los niños, la no integración dela información traumática en las estructuras existentes del pensamiento constituye el desorden de estrés postraumático. Tal desorden impacta negativamente en la capacidad de atención y procesamiento de la información. El niño presenta problemas generalizados de atención y distractibilidad, adoptando, comúnmente la forma de desorden de hiperactividad y déficit de atención. Sabemos por estudios anteriores realizados en el área de la psicopedagogía cuánta energía necesita el niño para procesar estos hechos traumáticos y cómo lo vivido invade su pensamiento restándole el tiempo y la energía que necesita para el aprendizaje diario y escolar. De esta manera estos niños se presentan como “sin recursos” en la escuela sin embargo lo que sucede es que su pensamiento está abocado a resolver el hecho traumático.

Los malos tratos suelen tener efectos cognitivos negativos en el niño. El niño se siente culpable y/o avergonzado, lo que puede contribuir a una desorganización de su memoria.

Por otra parte, aún cuando la memoria del niño sea buena, su testimonio puede verse frustrado por las limitaciones en la capacidad para comunicarse.

Puede ocurrir que el niño no haya comprendido las preguntas formuladas o el adulto haya interpretado mal sus respuestas.

Una vez más se hace imprescindible conocer el desarrollo evolutivo del niño para adecuar las preguntas, como decíamos anteriormente, a su capacidad de comunicación y adaptarse a su vocabulario. Debemos tener en cuenta, por ejemplo, si el niño está en condiciones de comprender los términos temporales tales como hoy, mañana, ayer, antes, después, si puede entender frases con más de una pregunta simultánea, o preguntas que incluyen-una negación, etc.

Criterios a tener en cuenta en la elaboración:
En el trabajo pericial se comienza con una entrevista a los adultos que realizan la denuncia, generalmente miembros de la familia o del entorno familiar del niño.

En dicha entrevista el evaluador debe tener en cuenta si en el relato del adulto aparecen indicadores asociados al maltrato infantil, si han detectado, por ejemplo, cambios en el comportamiento del niño, problemas emocionales, dificultades escolares, problemas físicos, si les preocupan ciertas actitudes o comentarios espontáneos del mismo, o sea, atender a todo aquello que haga sospechar acerca de la posibilidad del maltrato.

La entrevista con adultos puede registrar diferente motivación: a veces los adultos se presentan sólo con la sospecha, otras veces el relato aparece teñido de deseo de castigar al culpable sobre el cual hay certeza. La actitud beligerante o invasiva del denunciante puede poner en riesgo la neutralidad del evaluador cuando éste no logra tomar distancia y se alía, aún inconscientemente con él, con lo cual pone en peligro ya desde el comienzo, la objetividad del proceso pericial.

El clima emocional en el cual se realizan estas entrevistas es sumamente movilizador y. el profesional debe estar alerta y capacitado para manejar los efectos transferenciales, ser cauteloso en sus comentarios y centrarse en la búsqueda de indicadores asociados al trauma en el niño y no en la investigación de la veracidad de quien relata los hechos.

Si bien puede resultar angustiante saber que de la evaluación pericial depende la seguridad del niño se debe evitar cualquier apresuramiento que no permita considerar todos los indicadores absteniéndose de emitir cualquier juicio de valor.

El objetivo es como decíamos antes, que el niño pueda ser entrevistado de la manera más idónea y menos traumática para él.

Recordemos que estos niños, y, en especial, aquellos muy pequeños o muy dañados, serán muy renuentes a hablar sobre estos temas con un desconocido y en un ambiente extraño.

Por eso, una sóla sesión es impensable…debemos ir poco a poco, ganando la confianza del niño, para acercarlos cada vez más a los puntos traumáticos sobre los que deberá testificar Sólo un profesional especializado en el tema del Maltrato Infantil, sabe cómo abordar a un niño dañado por un trauma de estas características que debe enfrentar la crisis que provoca tal desvelamiento.

El miedo, la vergüenza, la culpa pueden paralizar a un niño llevarlo a retractarse. De modo que, en todo momento debe sentirse a salvo y contar con la confianza de que quien lo escucha sabe cómo hacerlo.

La presencia de los padres no sólo puede inhibir a un niño, sino que puede perjudicar la observación de su conducta durante la entrevista. En ocasiones los padres o quien denuncia motivado por su propia ansiedad, pone palabras en el niño o lo fuerza a contar hechos que aún no ”fueron ni mencionados por el menor.

‘No olvidemos que, de lo que se trata, en este momento, es de lograr registrar el relato del niño y observar los indicadores emocionales y de comportamiento presentes en la entrevista asociados con el perfil del niño maltratado.

Estos indicadores emocionales y, también, por las limitaciones que presentan, en especial los niños pequeños, para prestar atención. y concentrarse, que la entrevista no puede ser muy larga y debe ser interrumpida cuando el niño muestra signos de cansancio, angustia, o cuando lo requiera por él mismo.

En posteriores artículos hablaremos de los pasos que se deben tener en cuenta en la entrevista psicológica y la importancia de ellos.

Esperamos que la información sea de gran ayuda y de esta manera respondiendo a las dudas de nuestros lectores. Un saludo afectuoso VISION PSICOLOGICA

Trastorno de Ansiedad en la Infancia

Julio 6, 2010

secondaryImage_5familiaLa ansiedad y los miedos son fenómenos universales que forman parte del entramado del desarrollo humano. Así, el miedo a la separación, la timidez social, el miedo al fracaso, el miedo a la oscuridad, a los animales o a los malos sueños forman parte de los problemas cotidianos de la infancia.

Los conceptos de ansiedad, angustia, miedo y estrés han sido utilizados de forma polisémica en la bibliografía psicológica. En este artículo hablaremos ampliamente del significado del término «estrés», así como las patologías derivadas del sufrimiento ocasionado por él. Por ello, seguidamente, nos centraremos en la diferenciación de los términos de ansiedad, angustia y miedo, si bien teniendo en cuenta que a menudo se utilizan indistintamente.

Mientras que el miedo es un sentimiento producido por un peligro presente e inminente y por lo tanto se encuentra estrechamente ligado a los estímulos que lo generan, la ansiedad se refiere a la anticipación de un peligro venidero, indefinible e imprevisible, siendo la causa más vaga y menos comprensible (Marks, 1991). En este sentido, la ansiedad ha sido definida como miedo sin objeto, mientras que el miedo es considerado como la ansiedad ante un estímulo determinado.

Tanto el término «ansiedad» como el de «angustia» derivan de la misma raíz indogermánica, anglz, que significa «malestar, estrechez o constricción». ‘Posteriormente la influencia latina separó la anxietas del angor, distinción que recogió la psiquiatría francesa, diferenciando anxieté, referida a un malestar anímico o del espíritu, de angoisse, referida a constricción epigástrica con dificultades respiratorias e inquietud. Por su parte. La tradición psiquiátrica española adoptó también la distinción entre ansiedad, en la que predomina un componente psíquico, y angustia, en la que predomina un componente somático (Sandín y Chorot. 1995).

Aunque la ansiedad tiene una función activadora que facilita la capacidad de respuesta del individuo ante los peligros, cuando ésta es excesiva en intensidad. Frecuencia o duración, o aparece asociada a estímulos que no representan una amenaza real para el organismo, produce alteraciones en el funcionamiento del sujeto y se considera patológica. Es en este caso cuando hablamos de trastornos de ansiedad.

Acorde con ello, una cuestión clave para los clínicos es determinar en qué punto es apropiado redefinir esos síntomas normales como trastornos emocionales. Algunos criterios que pueden esclarecer las diferencias son los siguientes: cronicidad, intensidad de los síntomas, interferencia con el funcionamiento e interferencia con el proceso de desarrollo psicológico.

De acuerdo con Echeburúa (1996) los trastornos de ansiedad en la infancia pueden clasificarse de la siguiente forma:

- Trastornos fóbicos: fobias específicas, fobia escolar y trastorno de evitación.
- Trastornos de ansiedad sin evitación fóbica: ansiedad de separación y ansiedad excesiva.
- Otros trastornos de ansiedad: trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno mixto de ansiedad y depresión.

En nuestra opinión, esta clasificación recoge los principales trastornos de ansiedad que se presentan en la infancia. Nosotros, además, incluimos en este artículo la descripción y explicación de otro que, aunque es menos frecuente, está también representado en la población infanto-juvenil, a saber: trastorno de angustia con o sin agorafobia. Además, el trastorno por estrés agudo y el trastorno por estrés postraumático, si bien son trastornos por ansiedad.

Aunque frecuentemente se utilizan los términos miedo y fobia indistintamente, fundamentalmente cuando se aplican a niños, es importante delimitar su significado. A continuación se realiza un estudio de ambos conceptos, así como de las fobias más frecuentes en cada período evolutivo. En los siguientes apartados se expone la sintomatología asociada a cada uno de los trastornos de ansiedad, teniendo siempre en cuenta la importancia de la edad del sujeto como variable moduladora de la manifestación concreta de cada trastorno. Comenzaremos en esta primera parte hablando de las fobias y sus repercusiones en la infancia y adolescencia.

Miedos y fobias
El miedo se considera una respuesta de activación fisiológica normal provocada por hechos nocivos o amenazantes, que capacita al organismo para reaccionar ante una situación de peligro (Echeburúa. 1993). En este sentido, los miedos constituyen respuestas adaptativas que permiten que los niños adquieran las habilidades para enfrentarse a situaciones peligrosas o nocivas. Así podemos afirmar que son instintivos y universales sin aprendizaje previo.

Campbell (1986) describe la evolución de los miedos en la infancia como una característica del desarrollo humano. Así, desde una aproximación etológica, Bowlby (1993) plantea que inicialmente la incomodidad, el dolor y los sonidos agudos y repentinos provocan inquietud en el bebé e incluso pueden inducir al llanto, así como la tensión muscular y los movimientos difusos. Por el contrario, el bebé se tranquiliza cuando se lo acuna o se le dan palmaditas o por medio de la succión sin fines alimentarios. En estas reacciones de temor el aprendizaje tiene nula o escasa participación. Con el desarrollo cognitivo aparecen otros miedos evolutivos; por ejemplo entre los 8 y 12 meses el niño comienza a manifestar respuestas de temor ante las personas extrañas. Cuando el niño aprende a moverse por sí mismo, aumenta el número de situaciones temidas. Y a medida que progresa el desarrollo cognitivo, con la adquisición del lenguaje y la capacidad para efectuar operaciones simbólicas, aparece el miedo a la oscuridad, a los seres imaginarios y a los animales, mientras que los anteriores temores comienzan a desaparecer. Las reacciones de temor son entonces menos situacionales, ya que el niño es capaz de anticipar situaciones peligrosas que no se encuentran en su entorno inmediato.

De los 6 a los 9 años surgen nuevos temores que tienden a ser más reales, asociados a situaciones que implican daño físico y miedo al fracaso o a hacer el ridículo. Los miedos a fantasmas y monstruos empiezan a desvanecerse, aunque aún permanece el miedo a la oscuridad, a estar solos y a la separación de los padres. En la adolescencia se incrementan los miedos relacionados con las situaciones sociales: el temor a fracasar, a hacer el ridículo, a las relaciones con el otro sexo, a ser no ser aceptado por el grupo, a las relaciones sexuales.

Morris y Kratochwill (1983) consideran que los miedos evolutivos son un componente del desarrollo normal del niño que le proporcionan medios de adaptación a diversos estresores vitales. En este sentido:

o Se trata de un fenómeno evolutivo, hasta el punto de que la presencia de miedo debería considerarse como una parte integral del desarrollo psicológico normal. Lo anómalo sería su ausencia. El miedo tiene la finalidad de señalizar la presencia de una amenaza.

o La mayoría de los miedos suelen ser transitorios, aparecen en niños de edad similar y, por lo general, no suelen interferir en el funcionamiento psicológico cotidiano. Estos miedos parecen estar en estrecha interdependencia con los cambios evolutivos y desaparecen al poco tiempo.

o Las experiencias, vivencias y emociones aparejadas con los miedos evolutivos permiten al ser humano generar y consolidad medios y recursos encaminados a resolver de modo satisfactorio situaciones estresantes.
o La dimensión cognitiva se presenta con una especial relevancia. Los miedos son reacciones ante una serie de estímulos, unos externos y otros generados por el propio sujeto, que son autocalificados como amenazadores o emparejados con estímulos percibidos como peligrosos.

En la adolescencia adquieren gran relieve los temores sociales (p.e. miedo a la interacción con personas del sexo opuesto), los miedos sexuales y los relacionados con la autoidentidad y el rendimiento personal (p.e. temores al fracaso, a no ser popular, a la inadecuación personal, al aspecto personal, a ser incompetente, a parecer loco/a…). Además se incrementan los miedos de tipo académico, político y económico. También suelen darse con cierta frecuencia los miedos de fases anteriores, tales como los miedos a los animales, oscuridad, muerte, cementerios, daño corporal (Sandín, 1996). Mientras que los miedos son considerados como reacciones normales del niño, las fobias son conceptuadas como alteraciones o trastornos psicológicos. Así, la característica esencial de la fobia específica es un miedo intenso y persistente a objetos o situaciones claramente discernibles y circunscritos (DSM-IV; APA, 1994).

Marks (.1961) entiende la fobia como un tipo de miedo que:
- Es desproporcionado respecto al peligro de la situación.
- Se acepta como irracional, esto es, es resistente a las explicaciones o razonamientos correctos.
Es involuntario, no está sujeto al control de la persona.
- Lleva a evitar la situación temida.

MilIer, Barret y Hampe (1974) ampliaron la definición propuesta por Marks, añadiendo tres nuevos criterios:
- La reacción de temor persiste durante largos períodos de tiempo.
- Es una reacción desadaptativa.
- No corresponde a la edad’ o estadio evolutivo.

Con esta ampliación de criterios se evita considerar como fobias las reacciones de miedo evolutivamente normales, por ejemplo las respuestas de miedo intenso ante la separación de la madre que manifiestan los niños entre uno y dos años de edad. Tal y como argumenta Bragado (1994), este comportamiento es transitorio, ocurren en la gran mayoría de los niños y puede ser considerado como una parcela más del desarrollo.

También el DSM-IV considera un criterio indispensable para diagnosticar una fobia que el miedo o la evitación interfieran con la vida normal del individuo, produciéndose un intenso malestar. En este sentido, se hablará de miedos cuando no se produzca interferencia con la vida del niño. La evitación del estímulo temido puede producirse tanto cuando los miedos son normales como cuando son exagerados o irrazonables, y siempre que no interfiera o límite la vida del niño podrá ser considerada funcional o adaptativa. Si la evitación es adaptativa, el comportamiento del niño no deberá ser considerado fóbico (Fernández, 1996).

Como hemos expuesto anteriormente, Marks (1969) considera que las fobias no pueden explicarse o razonarse. En la misma dirección, la ‘APA (1994) señala que el individuo debe reconocer que su miedo es excesivo o irracional, aunque establece que dicho requisito no es imprescindible para realizar el diagnóstico en la población infantil.

Hay dos categorías que suelen aplicarse al niño y al adolescente, a saber, las fobias específicas y la fobia social. Sin embargo, la agorafobia es menos frecuente en esta población.

Las fobias específicas (o fobias simples) se refieren al miedo exagerado y persistente a un objeto o situación determinados. El DSM-IV establece cinco categorías de fobias específicas, a saber, animal, ambiental (p.e. altura, tormentas, agua), sangre- inyecciones-lesión situacional (p.e. aviones, lugares cerrados) y de otro tipo (p.e. ruidos estridentes o personas disfrazadas), y no diferencia las fobias que ocurren durante la infancia y adolescencia de las que suceden en la vida adulta.

En los niños las fobias más frecuentes son las referidas a los animales, a la oscuridad, a dormir solos, a los dentistas, médicos o practicantes (Jiménez, 1995), y la ansiedad se puede expresar llorando, mediante rabietas, quedándose paralizados o abrazándose a alguien que les dé seguridad.

Las fobias específicas tienden a remitir espontáneamente con el paso del tiempo en períodos que oscilan entre uno y cuatro años. La maduración cognitiva del niño y las experiencias de aprendizaje debidas a la exposición al estímulo temido o mediante aprendizaje vicario pueden explicar esta remisión espontánea.

Las fobias sociales (o trastorno de ansiedad social) se refieren al miedo exagerado y persistente a actuar de un modo humillante o que suponga la evaluación por parte de los demás ante personas que no pertenecen al ámbito familiar. Ejemplos de situaciones de esta categoría son los siguientes: hablar en público (leer en voz alta, hacer un comentario sobre un libro, contestar a una pregunta del profesor), comer, beber y escribir en público, ir a fiestas, utilizar los aseos públicos, hablar con figuras de autoridad y reuniones o juegos con otros niños. De entre ellas, cabe destacar las relacionadas con hacer exámenes escritos u orales, que les devuelvan el examen corregido o escribir en la pizarra, por su relativa frecuencia en el ámbito escolar.

Generalmente estos niños o adolescentes temen que los demás perciban los síntomas de su ansiedad, tales como enrojecimiento, temblor de manos o de la voz, agitación respiratoria, sudoración, que a su vez les genera más ansiedad.

Tener alguna característica física diferente del resto de compañeros (p.e. sobrepeso, alguna minusvalía física) puede hacer al niño o adolescente vulnerable al desarrollo de una fobia social, por el temor a sufrir las burlas. Esta situación desgraciadamente, cada vez más frecuente en el ámbito escolar actual debido, en parte, al aumento de la agresividad en esta población.

Generalmente aparece ansiedad anticipatoria, y ello genera preocupaciones antes de afrontar la situación temida, lo que, a su vez, provoca ansiedad, constituyéndose un círculo vicioso que da lugar a un mal rendimiento real o subjetivo en la situación temida debido a dicho malestar.

Cuando se realiza este diagnóstico en niños o adolescentes, es necesario establecer que tienen la capacidad de entablar relaciones sociales adecuadas para sus niveles de edad y que la ansiedad social aparece ante el contacto con otros niños de la misma edad y no sólo ante adultos.

Dado que la adolescencia es un período del desarrollo durante el cual la ansiedad social es bastante frecuente, sólo se realizará el diagnóstico en el supuesto de que dicha alteración suponga una interferencia en la vida del adolescente y/o le cause un malestar intenso y duradero, c1ínicamente significativo. En los niños, las fobias sociales pueden manifestarse mediante lloros, tartamudez, parálisis o abrazos o aferramiento a familiares cercanos, junto a la abstención de mantener relaciones con los demás, pudiendo llegar al mutismo.

La razón fundamental que justifica este cambio es la poca frecuencia con que era diagnosticado y el escaso conocimiento del curso, evolución y respuesta a la ira. tratamiento de este trastorno en la infancia (Jiménez, 1995).

Así, el «trastorno por evitación» se aplica cuando se cumplen los tres criterios siguientes durante al menos seis meses (y el niño tiene más de dos años y medio):
a) timidez excesiva y persistente con los adultos y compañeros;
b) deseo de afecto y aceptación, y, por lo general, relaciones cálidas y satisfactorias con los familiares
e) conducta de evitación lo bastante intensa como para interferir en el funcionamiento social y las relaciones con los compañeros. Dicha sintomatología es análoga a la de fobia social.

Los niños que sufren este trastorno generalmente son remitidos al psicólogo de la escuela, pues en el ambiente familiar no presentan ansiedad.

Familias Disfuncionales

Julio 6, 2010

42415-17.familiajpgEn un año como el 2006, en el que el Foro de la familia ha vuelto a salir a las calles para alzar la voz, un puñado de estrenos, la mayoría de vocación indie, les ha dado una inconsciente respuesta al conformar entre todos ellos un atípico álbum familiar. La galería de imágenes de la familia disfuncional expuesta en la suma de sus maneras y con casi todos sus problemas.

Entre las instantáneas destaca Little Miss sunshine, la historia de Olive una niña de ocho años, que sueña con los concursos de Miss América, que teme comer helado por si engorda y que le pregunta de vez en cuando a su abuelo, ¿Soy bonita?. El film que bien podría ser la réplica para todos los públicos del más irreverente cine americano, de por ejemplo pongamos Todd Solondz, evita no obstante repetir el principal error de demasiadas cintas que se asumen como transgresoras. Y no es otro que ocultar un discurso profundamente moralista bajo la acumulación de rarezas, un buen tema pop y una ilusoria diversidad. Más que nada, porque Little Miss Sunshine funciona como un acercamiento tierno, agridulce, nada cool y humano a sus protagonistas, sin imposturas. Así cómo una ácida reflexión de los certámenes de belleza. Emblema de todos esos concursos de popularidad en los que tantas veces hemos participado y en los que en demasiadas hemos deseado ganar. Sin importarnos si encajábamos o no, o si incluso queríamos.

Entre los personajes que mejor representan la familia disfucional estás han sido las respuestas.

-Alan Arkin. Little Miss Sunshine. 35,4%

-Felicity Huffman. Transamerica. 14,6%

-Jeff Daniels. Una historia de Brooklyn. 8,3%

-Marc Andre Gondrin. C.R.A.Z.Y. 6,25%

-Amy Adams. Junebug. 2,08%

-Sammy Davis Jr. Jr. Todo está iluminado. 14,58%

-Lou Pucci. Thumbsucker 6,25%

-Eva Marie Sant. Llamando a las puertas del Cielo. 12,5%

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